Esta semana, el día 26, ha fallecido José Emilio
Pacheco, poeta mexicano, premio Cervantes de Literatura.
Me he asomado a sus poemas y, como siempre
que abro la puerta de la poesía, he quedado deslumbrado ¡qué síntesis! ¡qué
utilización de las palabras sencillas! ¡qué ritmo cuando parece que no hay música!
Pero, os diré con toda sinceridad, que me
ha impresionado su poética. O sea, su arte de ser poeta. Monsavais, amigo de
Pacheco y conocedor de su poesía dijo esta frase que me impactó.
En poesía (Pacheco),
ajusta sus dones melancólicos, su pesimismo que es resistencia al autoengaño,
su fijación del sitio de la crueldad en el mundo, su poderío aforístico.
Dice Carlos M. tres cosas en síntesis
para contar cómo es la poesía de este hombre melancólico: Pesimismo; Ubicación
ante la crueldad; poderío aforístico.
Antes de nada decirles que un aforismo es una sentencia breve,
doctrinal, que nace de la experiencia de quien lo inventa. Y aquí tenéis uno de
los aforismos de Pacheco: Poesía no es signos negros en la página blanca. Llamo
poesía a ese lugar del encuentro con la experiencia ajena.
Pero el verso que se han hincado en mis
ojos de dentro es el pesimismo de
Pacheco. Choca con lo que estoy viviendo. Choca con LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO del
Papa Francisco. Pero este comentario lo dejo para otro día. Porque os quiero
comentar la misma palabra de José Emilio P.
Sí, el pesimismo es un modo de ser realista.
Muchas personas han visto mucha crueldad, la han vivido en su propia vida, mucho
dolor y desesperación, sufrimiento y abandono, enfermedades crónicas. Y el enganche
con lo que les sucede, ese que han salvado del naufragio es el pesimismo. Reconozco
que no soy así. Pero he conocido personas que me han venido a decir: Sólo un ingenuo es capaz de estar alegre.
Porque es verdad que la ingenuidad (ingenuidad consciente, claro) nos hace
cerrar los ojos y ver todo de rosa.
Dice Monsavais que
Pacheco era pesimista porque no quería caer en el autoengaño y eso me hace pensar.
Os dejo con un poema pesimista, de Pacheco. Bueno vosotros lo
veréis. Al leer este poema, ocurrirá lo que él mismo decía: El lector hace su propio poema, se convierte
en autor cuando lee los versos de otro, de un naufrago.
LA NOCHE NUESTRA INTERMINABLE
de las niñeras antiquísimas,
no pueden, no hacen peso en la balanza
contra el horror tan denso de este mundo.
Cuántos desastres ya he sobrevivido,
cuántos amigos muertos, cuánto dolor
en las noches profundas de la tortura.
Y yo qué hago y yo qué puedo hacer.
Me duele tanto el sufrimiento de otros,
y apenas
intento conjurarlo por un segundo con estas hojitas
que no leerán los aludidos, los muertos ni los pobres
ni tampoco
la muchacha martirizada. Cuál Dios
podría mostrarse indiferente
a esta explosión, a esta invasión del infierno.
Y en dónde yace la esperanza, de dónde
va a levantarse el día que sepulte
la noche nuestra interminable doliendo.

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