domingo, 2 de febrero de 2014

298. PACHECO


Esta semana, el día 26, ha fallecido José Emilio Pacheco, poeta mexicano, premio Cervantes de Literatura.

Me he asomado a sus poemas y, como siempre que abro la puerta de la poesía, he quedado deslumbrado ¡qué síntesis! ¡qué utilización de las palabras sencillas! ¡qué ritmo cuando parece que no hay música!

Pero, os diré con toda sinceridad, que me ha impresionado su poética. O sea, su arte de ser poeta. Monsavais, amigo de Pacheco y conocedor de su poesía dijo esta frase que me impactó.

En poesía (Pacheco), ajusta sus dones melancólicos, su pesimismo que es resistencia al autoengaño, su fijación del sitio de la crueldad en el mundo, su poderío aforístico.

Dice Carlos M. tres cosas en síntesis para contar cómo es la poesía de este hombre melancólico: Pesimismo; Ubicación ante la crueldad; poderío aforístico.

Antes de nada decirles que un aforismo es una sentencia breve, doctrinal, que nace de la experiencia de quien lo inventa. Y aquí tenéis uno de los aforismos de Pacheco: Poesía no es signos negros en la página blanca. Llamo poesía a ese lugar del encuentro con la experiencia ajena.

Pero el verso que se han hincado en mis ojos de dentro es el pesimismo de Pacheco. Choca con lo que estoy viviendo. Choca con LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO del Papa Francisco. Pero este comentario lo dejo para otro día. Porque os quiero comentar la misma palabra de José Emilio P.

Sí, el pesimismo es un modo de ser realista. Muchas personas han visto mucha crueldad, la han vivido en su propia vida, mucho dolor y desesperación, sufrimiento y abandono, enfermedades crónicas. Y el enganche con lo que les sucede, ese que han   salvado del naufragio es el pesimismo. Reconozco que no soy así. Pero he conocido personas que me han venido a decir: Sólo un ingenuo es capaz de estar alegre. Porque es verdad que la ingenuidad (ingenuidad consciente, claro) nos hace cerrar los ojos y ver todo de rosa.

Dice Monsavais que Pacheco era pesimista porque no quería caer en el autoengaño y eso me hace pensar.

Os dejo con un poema pesimista, de Pacheco. Bueno vosotros lo veréis. Al leer este poema, ocurrirá lo que él mismo decía: El lector hace su propio poema, se convierte en autor cuando lee los versos de otro, de un naufrago.

LA NOCHE  NUESTRA INTERMINABLE

Mis paginitas, ángel de mi guarda, fe
de las niñeras antiquísimas,
no pueden, no hacen peso en la balanza
contra el horror tan denso de este mundo.
Cuántos desastres ya he sobrevivido,
cuántos amigos muertos, cuánto dolor
en las noches profundas de la tortura.

Y yo qué hago y yo qué puedo hacer.
Me duele tanto el sufrimiento de otros,
                                               y apenas
intento conjurarlo por un segundo con estas hojitas
que no leerán los aludidos, los muertos ni los pobres
                                               ni tampoco
la muchacha martirizada. Cuál Dios
podría mostrarse indiferente
a esta explosión, a esta invasión del infierno.
Y en dónde yace la esperanza, de dónde
va a levantarse el día que sepulte
la noche nuestra interminable doliendo.

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