domingo, 15 de diciembre de 2013

293. CÉSAR FRANCK



La primera vez que oí hablar de César F. fue en Tortosa. Estaba haciendo un curso de espiritualidad entre los estudios de filosofía y teología en el primer colegio que fundó el Beato Manuel Domingo y Sol. Era un curso para hacer discernimiento, ¿continuaríamos hacia el sacerdocio?

Uno de los formadores, Marcos S., tocaba el piano, con la carrera acabada en el conservatorio de Barcelona. En un descanso del estudio le oí tocar en la sala de clase y entré. Estaban con él varios compañeros, me acerqué al piano y vi lo que tocaba: uno de los estudios para piano de César F. Era una música distinta, la combinación de melodía y ritmo era diferente, nueva para mí. Y no se me olvidó.

A lo largo de los estudios de teología formamos un grupo de aficionados a la música para seguir la historia de la música. Había una buenísima y completa discoteca y en aquellos dos o tres años dimos un repaso completo a los principales autores, todos geniales de la historia de la música. Allí volvió a aparecer César Franck. Pero pasó desapercibido.

Después llegó el encuentro más intenso, una pareja de amigos estudiantes en ese entonces, yo era cura joven, me invitaron a escuchar juntos la sonata para violín y piano de César Franck. Pasamos la tarde en el salón familiar de uno de Paco. Luego salimos a pasear por la niebla de Salamanca bien abrigados. Ya nunca la olvidé. Me conmovió profundamente desde la melancolía al afecto, a la irritación a la alegría, a la calma, pero muy al fondo. Fué la culminación de lo que sentí con aquel breve estudio en Tortosa.

Hace unos días la radio clásica celebró su aniversario, nació el 10 de diciembre de 1822. Busqué una biografía suya.

Vivió 68 años, era robusto, muy inteligente, con la mirada muy calmada y le dio un  nuevo impulso al órgano hasta el día de hoy.

Tuvo tres etapas bien diferenciadas. Los veinte primeros años, fueron de mucho sufrimiento. Su padre un hombre avariento y abusón lo tuvo dando conciertos desde muy niño y comerciando con su arte. Pero César se plantó y a los 24 años se casó enamorado sin el consentimiento de su padre.

Los veinte años siguientes fueron de penuria. En la rutina burguesa de un profesor particular no pudo mostrar el arte que llevaba. Seguramente se iba madurando, cocinando, en aquellas mañanas y pobres de París.

Era un hombre muy religioso y el párroco de san Juan y san Francisco de Marais le dio el puesto de organista de la iglesia en un excelente órgano que después encontró también en santa Clotilde. Allí comenzó a vivir una nueva vida. A los tres años pasó a la iglesia de santa Clotilde en París como organista hasta su muerte.

Compuso obras de todo tipo, pero especialmente para órgano. Tuvo una numerosa escuela de compositores franceses que introdujeron el impresionismo en la música. Disfrutó junto al Señor en la liturgia interpretando piezas para órgano y viviendo el Misterio. Es uno de los músicos que ha dejado huella en mí.

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