domingo, 1 de diciembre de 2013

291. UN PASO ATRÁS


Os voy a contar algo que me ha ayudado en estas semanas.

Hace quince días escuché en TV una charla sobre la meditación que se titulaba: UN PASO ATRÁS. Me llamó la atención por que unir una cosa y otra me resultaba raro.

Pero ahí estaba. El señor que hablaba lo comentaba convencido, haciendo alusión a su propia vida y experiencia y facilitando a los demás un aprendizaje a su alcance.

La cosa es la siguiente. La meditación ZEN nos muestra un trabajo aparentemente sencillo: cuando te encuentres perturbado/a o cuando estés feliz o en paz o cuando estés haciendo lo normal en la vida de cada día... DA UN PADSO A TRÁS. Se trata de que dejes de implicarte con lo que piensas o con lo que haces. Tú eres mucho más que eso. Tienes el corazón con  rabia: ¡da un  paso atrás! Estás disfrutando del sol: ¡da un paso atrás! Estás barriendo la casa: da un paso atrás.

Por mi parte os contaré mi experiencia. Hace tiempo comprendí que el mejor modo de tratar las perturbaciones de nuestra mente era observar y dejar ir. Me afinqué en un  dicho que trato de completar y os explicaré:

      1. Verlos venir
      2. Dejarlos llegar
      3. Dejarlos marchar

VERLOS VENIR, es estar despierto, estar consciente. No es fácil y requiere ese entrenamiento de darse cuenta de lo que pasa, de las personas que me rodean en esa distancia pedagógica que me despega de lo que tengo en las narices pero no me aleja de ello hasta el punto que no sepa reconocer los sentimientos o los estímulos que me vienen de fuera.

DEJARLOS LLEGAR. Uno de los malos tratos a los pensamientos es rechazarlos. Cuando más fuerza hagas para que se vayan más fuerza agarran. Los tendrás casi constantemente acechando. No. Déjalos llegar y saluda. No eres tú. Incluso de aquellas cosas que con solo pensarlas te dan miedo. No eres tu, tu eres tú y otra cosa es lo que piensas o lo que sientes. Déjalos llegar y trátalos con respeto. Quien sabe si te podrán ayudar.

DEJARLOS MARCHAR. Somos posesivos hasta con los pensamientos que nos dañan o con los que están con nosotros. ¡Déjalos marchar! No permitas que se apeguen (hay pensamientos como chicle), pero tampoco te enrabietes con ellos, ¡déjalos marchar como al amigo que te ha hecho un gran bien pero tiene su propio camino que recorrer.

Quizá os ayude. Por la mañana en silencio es bueno practicar un rato este paso atrás. A veces cuando empezamos el día las preocupaciones se meten como en un embudo bullicioso: ¡cuánto tenemos que hacer! Es mejor cuidarte porque lo que hayas de hacer saldrá de dentro, de la fuente de tu mente y tu corazón, ¡ánimo!

No hay comentarios: