Me refiero
al sacerdote. Y han coincidido dos mensajes que me han hecho pensar en este
asunto.
Por una parte, la intención general del Papa para este mes: Para que los sacerdotes que experimentan dificultades sean confortados
en sus sufrimientos, sostenidos en sus dudas y confirmados en su fidelidad.
Por otra, la lectura del
Evangelio de este domingo. Allí dice Jesús: Vuestras
familias, vuestros amigos os traicionarán.
Claro está que el contexto es
el de las persecuciones de los cristianos que han dado y darán testimonio ante
todos en las dificultades.
La
traición es esa conducta que rompe la confianza entre los que se fían
mutuamente. No hay traición si no hay confianza previa. Y a una confianza de
intimidad mayor, más hiere la traición.
Surge
la traición y sentimos la herida ardiente y amarga de quien no podíamos suponer
que nos vendiera, que aquello que hemos manifestado ha sido puesto a la vista
de todos. Que aquello que comunicamos en el hogar caliente de la amistad, está
derramado en medio de la plaza fría.
La
traición nos incita a la desconfianza en una cadena que parece no se puede
romper. Desconfío de aquella persona, pero aún más desconfío de mí mismo y me
siento culpable (¿Por qué tuve que comunicarle esto o lo otro?) Y desconfío de
los demás genéricamente. A veces la traición provoca la enfermedad.
El asunto
está en que no hay más remedio que pasar por la traición. Estamos hechos para
la relación y nuestra relación de amistad e intimidad queda sujeta a la
libertad del otro, a mi propia libertad y en ella está siempre la puerta de la
traición.
Muchas
veces en el ámbito de la catequesis los adolescentes han hablado de cómo les
duele la traición de un amigo o de una amiga. Es, quizá, la primera experiencia
de dolor personal que tienen nuestros jóvenes. Luego vendrán más. Los adultos
pensamos que ellos confían demasiado unos en otros, pero no es así. Confían
como confiamos los mayorcetes.
Hay quien
ha experimentado las traición y se ha encerrado de por vida en sí mismo. Otros
más, se han vuelto cínicos: aparentan que confían en los demás, pero no, no se
confían y tienden a traicionar como respuesta a lo que a uno le hicieron.
Para
un cristiano su intimidad tiene que ver con la fe. Porque hay traición a causa
de la fe como dice el Evangelio de hoy. Y en ese momento... en ese momento no
queda sino mirar a Jesús.
Resulta
que la traición a Jesús tuvo como consecuencia la muerte. Resulta que Jesús lo
sabía y dio a Judas aquel bocado de pan, signo de una relación íntima,
familiar. Resulta que no se llenó de odio ante aquel apóstol. Todo un rosario
de misericordia.

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