miércoles, 6 de noviembre de 2013

289. VIVIR LOS SALMOS

Una de las cosas que me hacen feliz de ser sacerdote es la obligación necesaria de rezar cada día: bendecir y alabar a Dios, interceder por los hermanos y nutrir el propio espíritu. Obligación que me viene de fuera; necesidad que me viene de dentro y que ambas se acuerdan y alimentan.

Rezar en la LITURGIA DE LAS HORAS. Porque la Iglesia reza continuamente. No por los cambios de horario según qué zonas del planeta, sino porque en cualquier sitio y lugar hay cristianos y comunidades rezando. Quienes ponen de manifiesto esto que os digo con los religiosos y las religiosas en los monasterios y en medio de la calle. Y, también claro, está los sacerdotes.

Los salmos son una maravilla. Primero, porque es una oración que me viene hecha. Que me viene al pelo, como dicen los argentinos. O sea, un traje que es me ajusta tan bien que parece fuera echo especialmente para mí.

Pero sobre todo, es que es la oración de Cristo Jesús. Es como el padrenuestro, la mismas palabras del Señor son las que rezamos nosotros, su Cuerpo, su Iglesia. ¿Cómo voy a decir yo de mí mismo que soy libre, sincero, que no soy altanero, que sólo Dios es mi Dios? A lo largo de los años me he detenido en esas frases que no puedo decir con verdad, excepto si quien las dice por mi es Jesucristo, que son verdad, y que me permite unirme a su oración ante el Padre por medio de su mismo Espíritu que clama en mi, que es levadura que fermenta en mí toda la masa de la humanidad en oración.

Pero, además, y esto es más de mi gusto, es que son poemas preciosos con un ritmo a veces vertiginoso, a veces clamado como los poemas de los sabios. Otras desgarradores y quebrados como las súplicas del indefenso perseguido, o del culpable, o del abandonado ante el abismo de la muerte.

Como verás he aprendido ritmos y locuciones que me explican y me expresan. Como creyente he aprendido a rezar sin mi oración, sin mis preocupaciones y caprichos (sin prejuicios, sin mis palabrasd). Incluso os diré que los salmos me han enseñado a rezar profundamente sin devoción, sin fervor, sin emociones.

Muchos días muy cansado, digo los salmos sin ser consciente de lo que digo. Pero lo digo porque sé que Jesús está diciéndolos con toda conciencia y con todo corazón por la voz de su Iglesia. Y es que Jesús es el que mejor sabe rezar.

Si habéis leído todo esto, os daréis cuenta que no me queda sino invitaros a rezar los salmos. En la Biblia vienen buenos comentarios. Además tenéis buenos comentarios a los que podéis acceder a través de internet. Por ejemplo: www.mercaba.org/FICHAS/BIBLIA/salmos/cartel_salmos.htm‎. Pero, si queréis atreveros a caminar sin muletas por la senda de los salmos, mejor ¡Ánimo! 

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