Una de
las cosas que me hacen feliz de ser sacerdote es la obligación necesaria de
rezar cada día: bendecir y alabar a Dios, interceder por los hermanos y nutrir
el propio espíritu. Obligación que me viene de fuera; necesidad que me viene de
dentro y que ambas se acuerdan y alimentan.
Rezar
en la LITURGIA DE LAS HORAS. Porque la Iglesia reza continuamente. No por los
cambios de horario según qué zonas del planeta, sino porque en cualquier sitio
y lugar hay cristianos y comunidades rezando. Quienes ponen de manifiesto esto
que os digo con los religiosos y las religiosas en los monasterios y en medio
de la calle. Y, también claro, está los sacerdotes.
Los
salmos son una maravilla. Primero, porque es una oración que me viene hecha. Que
me viene al pelo, como dicen los
argentinos. O sea, un traje que es me ajusta tan bien que parece fuera echo
especialmente para mí.
Pero
sobre todo, es que es la oración de Cristo Jesús. Es como el padrenuestro, la
mismas palabras del Señor son las que rezamos nosotros, su Cuerpo, su Iglesia.
¿Cómo voy a decir yo de mí mismo que soy libre, sincero, que no soy altanero,
que sólo Dios es mi Dios? A lo largo de los años me he detenido en esas frases
que no puedo decir con verdad, excepto si quien las dice por mi es Jesucristo,
que son verdad, y que me permite unirme a su oración ante el Padre por medio de
su mismo Espíritu que clama en mi, que es levadura que fermenta en mí toda la
masa de la humanidad en oración.
Pero,
además, y esto es más de mi gusto, es que son poemas preciosos con un ritmo a
veces vertiginoso, a veces clamado como los poemas de los sabios. Otras
desgarradores y quebrados como las súplicas del indefenso perseguido, o del
culpable, o del abandonado ante el abismo de la muerte.
Como
verás he aprendido ritmos y locuciones que me explican y me expresan. Como
creyente he aprendido a rezar sin mi oración, sin mis preocupaciones y
caprichos (sin prejuicios, sin mis palabrasd). Incluso os diré que los salmos
me han enseñado a rezar profundamente sin devoción, sin fervor, sin emociones.
Muchos
días muy cansado, digo los salmos sin ser consciente de lo que digo. Pero lo
digo porque sé que Jesús está diciéndolos con toda conciencia y con todo
corazón por la voz de su Iglesia. Y es que Jesús es el que mejor sabe rezar.

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