Esta mañana cuando llegaba la gente y les saludaba se me
abría el corazón, mi carne cantaba serena y casi, casi, me emocionaba con mi
gente de la comunidad cristiana de Pulgar. Es que me gusta estar con la gente,
les veo y se me van los miedos, nos miramos con mucho respeto a los ojos y nos
entendemos: catequistas, la señora que sigue las canciones que entono,.. las
lectoras, los matrimonios, la abuela María que está muy encorvada... los
papás que en todo el verano se han venido con los niños a la misa.
Sara tiene 6 años y tiene una disfunción cerebral. No habla, está un poco torcida en su silla de ruedas, su madre la viste con unos vestidos de fiesta preciosos, tiene unos ojos negros fuertes y brillantes y cuando les dices cosas bonitas se lleva el dedo pulgar a la boca. Siempre le doy tres o cuatro besos.
Son tres familias con sus hijos. En total cinco adultos y cinco niños. Esta mañana, en la despedida de la misa, les pregunté la edad de Sara y les dije, Bueno que habrá que ir pensando en la Primera Comunión. Se quedaron sorprendidos porque yo intuía que estaban preocupados por eso. Al papá se le llenaron los ojos de lágrimas y me dijeron: Pues... no sé cómo podremos hacer... Yo les dije, No hay cuidado encontraremos el camino.
Pero luego está Jorge que viene con su Padre en brazos a comulgar y cuando llega antes de dar la comunión a su padre levanta su manita (tendrá tres o cuatro años) la mueve y me dice: ¡Hola!
Y luego está Adrián. Tiene 5 años y hoy venía bastante
dormido. El domingo pasado vino con una cresta engomada y con un diente menos. Durante
la misa lo mismo se recostaba en el papá que se subía la cresta con las dos
manos. A veces cogía la mano del papá para recogerse en su costado. Hace
bastantes meses que viene a misa con su familia, los papás y Lucía que hizo
este año la primera comunión y lee de maravilla.

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