La semana pasada Mario Vargas Llosa presentaba
su nueva novela: EL HÉROE DISCRETO. Me llamó la atención que los escritores van
fijando su mirada en lo que pasa desapercibido. En el héroe anónimo. Y, por mi
parte voy a hablaros hoy de un héroe discreto.
Mathiew Cordle, de 22 años, conducía borracho
en sentido contrario por una calle de un barrio de Columbus-Ohio EE.UU. el
pasado 22 de junio. Chocó con un jeep de forma tan violenta que el conductor, Vincent
C., murió en el acto. Mathiew se dió a la fuga. Pasaron los meses y el pasado 3
de septiembre subió a YOUTUBE un vídeo de tres minutos que comenzaba diciendo: Maté a un hombre y terminaba Usted todavía puede ser salvado. Sus víctimas aún pueden ser salvadas. Mathiew se ha entregado a la
justicia y le espera una sentencia de ocho años de cárcel.
¿Qué pasó en esos dos meses y medio? Sólo
dos datos ofrecen los MCS, que Mathiew buscó abogados y que entró en contacto
con un grupo de ayuda que le recomendó hiciera una confesión pública y se
entregara a la justicia. Algún periódico ha dicho que algunos abogados le
aconsejaron que mintiera en el juicio...
Pero además, en CBSNEWS el comentarista
dice que es frecuente que los culpables de diversos delitos no intencionados (también
intencionados) no se entreguen a la justicia.
Este joven es héroe porque podía haber
vivido en la apariencia de inocencia. Pero quiso edificar su vida en la verdad
aceptando la responsabilidad en la muerte de otro ser humano. Es héroe porque
desoyó muchos consejos que le argumentaban que era mejor la impunidad que acogerse
a la justicia. Es héroe porque enseña: todavía, nos dice, tienes la posibilidad
de evitar ser protagonista de un crimen.

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