Disfruto en las
celebraciones de los sacramentos de la Iglesia. Lo paso fenomenal. La Misa del
domingo, el Bautismo, El Matrimonio,...
A lo largo de mi vida, me
acerco a los cuarenta años que el Señor me ha aguantado en el ministerio
pastoral como sacerdote, han sido muchos los momentos iluminativos,
fortalecedores, expansivos que he experimentado en el sacramento del Matrimonio. Es más, el
mismo compromiso de ser célibe por el ministerio sacerdotal, lo he vivido
fortalecido cuando presidía la celebración del del Matrimonio de
muchos novios.
Fue en México, en una de
aquellas parroquias donde serví, donde no sólo sentí el gozo sino también el
peso de celebrar este sacramento. En un año pasaron de 50 las celebraciones que
presidí ¡qué maravilla!
Desde que llegué a España
en el año 2000 voy anotando el nombre de los nuevos esposos y la fecha de la
celebración. Son ya, 67. Rezo por ellos al menos una vez por semana, porque
vivir el matrimonio según el reino de Dios es esforzado como dice Jesús en el
Evangelio.
Pero, como es natural, en
la mayoría de esos matrimonios he caminado los meses previos con ellos,
preparando la celebración, dando cursos prematrimoniales o hablando en varias reuniones con ellos según convenía.
Y ahora, viene el dulce
de guayaba. Primero os diré que la guayaba es una fruta exquisita. Hay
variedades, pero las más comunes son la roja, dulce y sabrosa y la verde ácida y
picantona.
Estos meses andamos
preparando la boda de una joven pareja de origen colombiano (cuando digo joven
no quiero decir que tienen 30, 28 o 25 años, sino menos).
Me sorprende su
sinceridad y confianza conmigo. Han venido a mi casa con las cartas boca
arriba. Me sorprenden sus criterios de cara a la vida. Hay algo que hablamos
con frecuencia. Ellos no quieren someterse al materialismo que se vive en
España. Para casarse, para evaluar un grupo, una tarea o una persona,...
¡Dinero, dinero y dinero! Esta sociedad nuestra está enferma de moneditis. Una
inflamación desordenada de las monedas y billetes sean en el bolsillo, en la
cartilla, en las inversiones, en la hipoteca o en el préstamo.
El otro día cuando
vinieron a una de las reuniones de formación me trajeron un dulce de guayaba y
un caramelo de coco.

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