sábado, 24 de agosto de 2013

283. DULCE DE GUAYABA


Disfruto en las celebraciones de los sacramentos de la Iglesia. Lo paso fenomenal. La Misa del domingo, el Bautismo, El Matrimonio,...

A lo largo de mi vida, me acerco a los cuarenta años que el Señor me ha aguantado en el ministerio pastoral como sacerdote, han sido muchos los momentos iluminativos, fortalecedores, expansivos que he experimentado en el sacramento del Matrimonio. Es más, el mismo compromiso de ser célibe por el ministerio sacerdotal, lo he vivido fortalecido cuando presidía la celebración del del Matrimonio de muchos novios.

Fue en México, en una de aquellas parroquias donde serví, donde no sólo sentí el gozo sino también el peso de celebrar este sacramento. En un año pasaron de 50 las celebraciones que presidí ¡qué maravilla!

Desde que llegué a España en el año 2000 voy anotando el nombre de los nuevos esposos y la fecha de la celebración. Son ya, 67. Rezo por ellos al menos una vez por semana, porque vivir el matrimonio según el reino de Dios es esforzado como dice Jesús en el Evangelio.

Pero, como es natural, en la mayoría de esos matrimonios he caminado los meses previos con ellos, preparando la celebración, dando cursos prematrimoniales o hablando en varias reuniones con ellos según convenía.

Y ahora, viene el dulce de guayaba. Primero os diré que la guayaba es una fruta exquisita. Hay variedades, pero las más comunes son la roja, dulce y sabrosa y la verde ácida y picantona.

Estos meses andamos preparando la boda de una joven pareja de origen colombiano (cuando digo joven no quiero decir que tienen 30, 28 o 25 años, sino menos).

Me sorprende su sinceridad y confianza conmigo. Han venido a mi casa con las cartas boca arriba. Me sorprenden sus criterios de cara a la vida. Hay algo que hablamos con frecuencia. Ellos no quieren someterse al materialismo que se vive en España. Para casarse, para evaluar un grupo, una tarea o una persona,... ¡Dinero, dinero y dinero! Esta sociedad nuestra está enferma de moneditis. Una inflamación desordenada de las monedas y billetes sean en el bolsillo, en la cartilla, en las inversiones, en la hipoteca o en el préstamo.

El otro día cuando vinieron a una de las reuniones de formación me trajeron un dulce de guayaba y un caramelo de coco.

Queridos jóvenes novios ¡No al materialismo! No os confundáis, el dinero hace falta hasta cierto punto porque lo que llena la vida no es la seguridad ilusoria de tener dinero abundante. Vas a disfrutar de salud, cariño verdadero, perdón, compañía y fe arriesgándote a tirar por tierra un ídolo: el dios dinero.

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