Fue la mañana que voy al
despacho de la Delegación de Catequesis en Toledo. Después de tomar el café me
encaminé a la Diputación (cuestión de subvención para obras en la torre parroquial) y a saludar
a las Carmelitas que están en el convento de las Capuchinas para comprar formas
para la misa.
Había comenzado a subir
la calle Nuncio Viejo y me paró una señora: ¡Yo
a usted le conozco! Yo no la conocía. Pero como en la vida del sacerdote
hay muchas más personas que te conocen de las que tú tienes idea, me imaginé
que me habría visto en alguna misa, boda o funeral. Pero, no.
Resulta que me reconoció
por el programa de la RTVD Asamblea en la
Carpintería. Después de decirme que le gustaba mucho, me dijo lo que iba
sintiendo. En pocos minutos me habló de su hijo sacerdote que está en el Congo,
seguro que es lo que lleva más adentro en el corazón y más a flor de piel.
Le comenté que conocía a
su hijo porque soy Operario Diocesano. Se trata de Carlos Comendador con el que
colaboré en ocasiones antes y durante su trabajo en Lubumbashi. Allí creó con
los compañeros africanos un Instituto Vocacional en 2007: Mchungaji Mwema (Buen Pastor) y allí trabaja en
medio de aquellas gentes. Primero, estuvo en una parroquia en Zambia (frontera
con República Democrática de Congo) Mishishiki Mission, con el misionero
Operario Sinesio y luego se trasladaron a esa ciudad de Congo donde viven y
trabajan).
Al contarle que soy
operario, Isabel, así se llama la madre de Carlos entramos en conversación de
familia: sus seis hijos más, su marido que falleció, el viaje inolvidable a
Congo a ver a su hijo por invitación de Jesús Rico, Director General de la
Hermandad y de la mano de Jesús Pulido, y cómo las gentes cruzando los brazos
sobre el pecho le saludaban inclinándose y diciendo: Madre de Carlos. En fin. Otros muchos detalles de la vida de los
misioneros y de su propia vida me confió que guardo con cariño en mi corazón.
Terminó contándome: Voy caminando por la
calle y rezando el rosario.

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