jueves, 13 de junio de 2013

276. ¡YO, A USTED LE CONOZCO!


Fue la mañana que voy al despacho de la Delegación de Catequesis en Toledo. Después de tomar el café me encaminé a la Diputación (cuestión de subvención para obras en la torre parroquial) y a saludar a las Carmelitas que están en el convento de las Capuchinas para comprar formas para la misa.

Había comenzado a subir la calle Nuncio Viejo y me paró una señora: ¡Yo a usted le conozco! Yo no la conocía. Pero como en la vida del sacerdote hay muchas más personas que te conocen de las que tú tienes idea, me imaginé que me habría visto en alguna misa, boda o funeral. Pero, no.

Resulta que me reconoció por el programa de la RTVD Asamblea en la Carpintería. Después de decirme que le gustaba mucho, me dijo lo que iba sintiendo. En pocos minutos me habló de su hijo sacerdote que está en el Congo, seguro que es lo que lleva más adentro en el corazón y más a flor de piel.

Le comenté que conocía a su hijo porque soy Operario Diocesano. Se trata de Carlos Comendador con el que colaboré en ocasiones antes y durante su trabajo en Lubumbashi. Allí creó con los compañeros africanos un Instituto Vocacional en 2007: Mchungaji Mwema (Buen Pastor) y allí trabaja en medio de aquellas gentes. Primero, estuvo en una parroquia en Zambia (frontera con República Democrática de Congo) Mishishiki Mission, con el misionero Operario Sinesio y luego se trasladaron a esa ciudad de Congo donde viven y trabajan).

Al contarle que soy operario, Isabel, así se llama la madre de Carlos entramos en conversación de familia: sus seis hijos más, su marido que falleció, el viaje inolvidable a Congo a ver a su hijo por invitación de Jesús Rico, Director General de la Hermandad y de la mano de Jesús Pulido, y cómo las gentes cruzando los brazos sobre el pecho le saludaban inclinándose y diciendo: Madre de Carlos. En fin. Otros muchos detalles de la vida de los misioneros y de su propia vida me confió que guardo con cariño en mi corazón. Terminó contándome: Voy caminando por la calle y rezando el rosario.

¡Qué encuentro! Es verdad que la TV te lanza a un escaparate que sientes anónimo. Pero es verdad que facilita los encuentros cercanos, familiares, de amigos con algunas personas que valoran y estimulan el trabajo por el Evangelio. Y este encuentro con la madre de un misionero operario, no tiene precio. 

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