El sacerdote de la
parroquia del pueblo vecino es un buen compañero. Compartimos gozos y penas en
esto del trabajo de ser sacerdote en el mundo rural.
Es un excelente
catequista que maneja los signos y los gestos como muy pocos. Es un creativo de
la catequesis. Os doy un botón de muestra para que lo disfrutéis.
Este año, para las celebraciones
con niños durante la semana santa preparó una cruz de madera en el centro del
pasillo antes de los escalones del presbiterio.
En una mesita en el medio
de la Iglesia, en el pasillo central, puso una alcancía de barro, muy conocida por
los niños de por aquí: un cerdito o
un guarrito que así se le llama.
Junto a la alcancía puso un montoncito de monedas de un céntimo, de dos céntimos
y de cinco céntimos (de las pequeñas que son las que manejan los niños). Y les
explicó que cada día cuando llegaran a la celebración, cada uno de los niños se
acercaría al cerdito y le echaría unas
monedas ¿cuántas? pues, las que cada uno quisiera darle a Jesús.
Así lo hicieron jueves,
viernes y sábado santo.
El domingo de pascua fue
cuando rompió la hucha. No todos estaban de acuerdo en romperla pero así era el
juego. Total, que con el martillo en su
mano: ¡Zas, zas! y se abrió la alcancía.
Los ojos de los niños se
quedaron abiertos de par en par porque entre las moneditas apareció un puñado
enorme de billetes de 10 euros, de 20 euros y de 50 euros.
Entre todos explicaron el
milagro.
NOSOTROS LE DAMOS A JESÚS
UNA POCAS MONEDAS Y ÉL NOS DA BILLETES GRANDES, SIEMPRE.
Hablaron de lo que nos
quiere Jesús y de cómo la resurrección se parece al juego del guarrito que le echas monedas y aparecen
billetes.
Una niña pequeñita lo
explicaba: Claro, es que cuando cada niño
echaba una monedita Jesús echaba un billete grande.

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