domingo, 6 de noviembre de 2011

212. TEÓFILO Y PIEDAD



He vuelto a reencontrarme con la gente mayor en la residencia para mayores Virgen de Pilar de Pulgar.

Me llamaron porque algunas personas se querían confesar y allí fui el sábado.

Estuve hablando un rato, aparte la confesión, con mi querida gente. Teófilo y Piedad son de Noez, llevan dos meses en la residencia y me hablaron fenomenal de las personas que les atienden: la directora, la asistente social y tres señoras para atenderles.

Son finos en el trato (como los dedos largos, blancos y delgados de Teófilo), respetuosos y cordiales, hablan con toda corrección y dejan ver lo de dentro y lo de muy adentro.

La residencia es pequeña, no pasan de veinticinco los mayores que allí se hospedan. Hay creyentes y no creyentes, y este matrimonio me dio unas lecciones de humanidad que os comparto.

Son primos del obispo emérito de Ciudad Real D. Rafael Torija, buena persona con quien colaboré en el seminario y en la atención a las parroquias sin sacerdote en la semana santa de varios años.

Me cuentan que tienen dos hijos que tienen trabajo, lo cual es una gracia de Dios. Piedad tuvo trombosis cerebral hace unos meses y ellos comprendieron que no estaban para vivir solos. Se acuerdan de su casa, pero me cuentan que están allí porque no quieren echar más cargas a los hijos. ESTAMOS AQUÍ POR AMOR A NUESTROS HIJOS, ¡qué maravilla!

El amor sacrificado de los padres (oblativo dicen los entendidos) es para toda la vida. Cuando estos padres pasados ya los ochenta años hacen esta peregrinación al desierto son admirables. Dejan de nuevo su casa (su casa construida, vivida, desgastada por todos los días de la vida, donde pueden caminar a ciegas), no para hacer otra casa ni para encontrar otro país sino para no ser una carga, por amor a sus hijos. Estos viejitos queridos como muchos otros quedarán en la memoria del Corazón de Dios para siempre.

No hay comentarios: