
Aquí os copio las palabras que dije a mi gente querida de Gamnoal y El Casar de Talavera en la misa de despedida. Sé que las leeréis despacio.
Queridos hermanos/as todos
Hermanos sacerdotes
Autoridades
Aquel nueve de septiembre de 2001 os saludé con estas palabras: ¡Bendito sea Dios que me ha traído a vosotros y a vosotros os ha traído a mi!
Hoy vuelvo a repetir estas palabras en las que os quise decir y así mismo hoy, que en todo momento y lugar, en toda ocasión sea bendito el Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo con el Espíritu de Amor que obra en todo y en todos. Así, estas son mis palabras de despedida: ¡Bendito sea Dios que a mi me aleja de vosotros y a vosotros de mí!
Y en esas palabras están encerradas dos o tres cosas que quiero compartir con vosotros:
Ante todo gratitud y perdón. Gracias por haberme acogido en la caridad. Gracias por haberme hospedado y dado de comer. Gracias por haberme aceptado en el Señor que ha realizado su salvación y me ha puesto al frente de esta comunidad en las alegrías y en las penas, en los trabajos y en el descanso, en los duelos y en las fiestas, en las noches y en los días.
Gracias por aguantarme estos diez años. Todos tenemos nuestras manías y nuestros defectos de carácter. El sacerdote, también. Vosotros habéis sabido acogerme en lo que soy sin muchas explicaciones como lo hace la gente sencilla de corazón y comprendiéndonos. Aquí tengo que agradecer el aguantarme tantos días y reuniones a los colaboradores/as más cercanos.
Aunque en sentido cristiano estas palabras que os digo de gratitud y perdón las decimos de otra manera.
Se refieren a la cruz. Acepté gozoso la cruz de esta parroquia porque ésa fue mi palabra renovada al seguir al Señor. Acepté pacientemente la cruz de cada persona que se acercó a la parroquia. Hubo días en que vuestras cruces se me hacían pesadas,
creí que no podría con ellas. Otros, más llevaderas y livianas. Pero siempre, he procurado aceptar vuestras manías y derrotes con sana alegría, como el padre que sabe que sus hijos necesitan crecer porque él mismo ignora mucho y ha de aprender muchas cosas. Es la cruz del Señor en cada parroquia la que el sacerdote tiene que abrazar. Es la cruz de los hermanos la que el sacerdote tiene que conocer y amar.
Ahora bien, él no la lleva solo. Es Jesucristo quien le hace partícipe de su misma caridad de Pastor el que va con la Iglesia toda el que nos enseña a abrazar la cruz camino de la Pascua de luz y de vida.
Camino de la Pascua de luz y de vida. Al igual que Jesucristo, el sacerdote con él, caminan en esperanza. No se detienen demasiado en la muerte lo necesario para beber el cáliz hasta el final y luego mirar de frente a la vida, saber que la luz triunfa sobre la oscuridad y que el amor cristiano supera toda filosofía.
Termino.
Ya sabéis que hay curas roqueros, futbolistas, constructores y arquitectos, jardineros y hortelanos, periodistas y obreros. Ya sabéis que hay curas poetas.
Yo soy uno de estos últimos y sé que hay personas que cuando se encuentran con un poeta no saben qué hacer. Más difícil cuando se encuentran con un cura poeta. A veces os he leído mis propios poemas, muy pocas veces.
Pero seguramente éste ha sido el don y el sello personal que os he podido dejar por la misericordia de Dios. El Señor me ha concedido, ver y escuchar, escribir y saborear
la poesía que habita en Gamonal y en esta parroquia querida. Con ella me voy en el corazón.
Y llega un nuevo párroco. Acogedlo con amor. Es Jesucristo hecho sacramento en la vida de un hombre concreto el que se acerca a vosotros.
Tened un claro sentimiento de paz y bienestar en la acogida a este hermano sacerdote que el Señor va a poner al frente de esta parroquia por la misión que, le ha encomendado nuestro obispo, D. Braulio.
Cuando os acordéis de este cura que se despide tratad de olvidar sus fallos. Recordar el bien que el Señor os hizo por su medio y rezad una oración para que se convierta
este cura pecador. Así sea.
Queridos hermanos/as todos
Hermanos sacerdotes
Autoridades
Aquel nueve de septiembre de 2001 os saludé con estas palabras: ¡Bendito sea Dios que me ha traído a vosotros y a vosotros os ha traído a mi!
Hoy vuelvo a repetir estas palabras en las que os quise decir y así mismo hoy, que en todo momento y lugar, en toda ocasión sea bendito el Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo con el Espíritu de Amor que obra en todo y en todos. Así, estas son mis palabras de despedida: ¡Bendito sea Dios que a mi me aleja de vosotros y a vosotros de mí!
Y en esas palabras están encerradas dos o tres cosas que quiero compartir con vosotros:
Ante todo gratitud y perdón. Gracias por haberme acogido en la caridad. Gracias por haberme hospedado y dado de comer. Gracias por haberme aceptado en el Señor que ha realizado su salvación y me ha puesto al frente de esta comunidad en las alegrías y en las penas, en los trabajos y en el descanso, en los duelos y en las fiestas, en las noches y en los días.
Gracias por aguantarme estos diez años. Todos tenemos nuestras manías y nuestros defectos de carácter. El sacerdote, también. Vosotros habéis sabido acogerme en lo que soy sin muchas explicaciones como lo hace la gente sencilla de corazón y comprendiéndonos. Aquí tengo que agradecer el aguantarme tantos días y reuniones a los colaboradores/as más cercanos.
Aunque en sentido cristiano estas palabras que os digo de gratitud y perdón las decimos de otra manera.
Se refieren a la cruz. Acepté gozoso la cruz de esta parroquia porque ésa fue mi palabra renovada al seguir al Señor. Acepté pacientemente la cruz de cada persona que se acercó a la parroquia. Hubo días en que vuestras cruces se me hacían pesadas,
creí que no podría con ellas. Otros, más llevaderas y livianas. Pero siempre, he procurado aceptar vuestras manías y derrotes con sana alegría, como el padre que sabe que sus hijos necesitan crecer porque él mismo ignora mucho y ha de aprender muchas cosas. Es la cruz del Señor en cada parroquia la que el sacerdote tiene que abrazar. Es la cruz de los hermanos la que el sacerdote tiene que conocer y amar.
Ahora bien, él no la lleva solo. Es Jesucristo quien le hace partícipe de su misma caridad de Pastor el que va con la Iglesia toda el que nos enseña a abrazar la cruz camino de la Pascua de luz y de vida.
Camino de la Pascua de luz y de vida. Al igual que Jesucristo, el sacerdote con él, caminan en esperanza. No se detienen demasiado en la muerte lo necesario para beber el cáliz hasta el final y luego mirar de frente a la vida, saber que la luz triunfa sobre la oscuridad y que el amor cristiano supera toda filosofía.
Termino.
Ya sabéis que hay curas roqueros, futbolistas, constructores y arquitectos, jardineros y hortelanos, periodistas y obreros. Ya sabéis que hay curas poetas.
Yo soy uno de estos últimos y sé que hay personas que cuando se encuentran con un poeta no saben qué hacer. Más difícil cuando se encuentran con un cura poeta. A veces os he leído mis propios poemas, muy pocas veces.
Pero seguramente éste ha sido el don y el sello personal que os he podido dejar por la misericordia de Dios. El Señor me ha concedido, ver y escuchar, escribir y saborear
la poesía que habita en Gamonal y en esta parroquia querida. Con ella me voy en el corazón.
Y llega un nuevo párroco. Acogedlo con amor. Es Jesucristo hecho sacramento en la vida de un hombre concreto el que se acerca a vosotros.
Tened un claro sentimiento de paz y bienestar en la acogida a este hermano sacerdote que el Señor va a poner al frente de esta parroquia por la misión que, le ha encomendado nuestro obispo, D. Braulio.
Cuando os acordéis de este cura que se despide tratad de olvidar sus fallos. Recordar el bien que el Señor os hizo por su medio y rezad una oración para que se convierta
este cura pecador. Así sea.
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