
Esta semana estuve en el Seminario Mayor de Ciudad Real. Os contaré que es práctica general de la vida espiritual en los seminarios de todo el mundo dedicar una semana a los ejercicios espirituales. En la mayoría de los seminarios se suelen hacer al principio de curso, buscando que esta experiencia ilumine todo el año.
Pedro, el rector, y Miguel Ángel, el director espiritual, me convencieron. Ha sido una experiencia de Dios. Y con eso os digo todo.
El encuentro con este grupo de seminaristas ha sido para mí palpar la gracia de Dios, el aliento del Espíritu.
En muchas ocasiones entran en mi corazón las criticas a la Iglesia, algunas buenas, en el sentido que nos hacen reaccionar a los cristianos para mejorar. Otras, no. Son críticas destructivas que incluso intentan destrozar, eso, la esperanza de mejorar. Y me duele todo eso.
Esta experiencia ha sido un oasis en el camino ardiente del desierto. El Señor me ha dado el sentimiento de ser feliz.
Son trece jóvenes. El menor 17 años, el mayor 36. La mayoría se sitúa alrededor de los 25 años. Son gente buena. Son jóvenes dispuestos que desean un palabra de confianza, de ánimo, de entusiasmo, para dejar sus propios rincones vitales y lanzarse a la aventura del ministerio sacerdotal en el celibato. Con todas las letras.
Un día en la lectura de Laudes escuchábamos el pasaje conocido: La ciudad tiene un muro y el muro doce cimientos, uno por cada uno de los apóstoles del Cordero. Aquí son trece cimientos. No se les verá en algunos años, pero ellos junto a los seminaristas mayores de la Iglesia de España son los cimientos. Son los nuevos apóstoles del Cordero. El Señor les está armando de fortaleza y paciencia, de espíritu de oración y de pasión por el Evangelio. Y eso es un torrente de gracia para el futuro de la Iglesia del Señor.
El último día les pedí una revisión por escrito de estos días. Os copio algunos testimonios para que ellos tengan también voz en este diario de un cura de pueblo.
- Contemplando la Palabra de Dios he sentido con más fuerza la vocación sacerdotal. Es muy hermoso recibirla para después ofrecerla a los demás.
- Estos días el Señor me ha dicho que tengo que cambiar, que tengo que revisar mi vida a la luz de su Palabra.
- La fe no se vive en solitario, sino en comunidad. En ella Jesús se hace presente. Es el medio que Él ha puesto en mí para mi santificación.
NOTA. La foto es un amanecer de verano en Ciudad Real. La silueta del edificio es el Seminario Diocesano.
Pedro, el rector, y Miguel Ángel, el director espiritual, me convencieron. Ha sido una experiencia de Dios. Y con eso os digo todo.
El encuentro con este grupo de seminaristas ha sido para mí palpar la gracia de Dios, el aliento del Espíritu.
En muchas ocasiones entran en mi corazón las criticas a la Iglesia, algunas buenas, en el sentido que nos hacen reaccionar a los cristianos para mejorar. Otras, no. Son críticas destructivas que incluso intentan destrozar, eso, la esperanza de mejorar. Y me duele todo eso.
Esta experiencia ha sido un oasis en el camino ardiente del desierto. El Señor me ha dado el sentimiento de ser feliz.
Son trece jóvenes. El menor 17 años, el mayor 36. La mayoría se sitúa alrededor de los 25 años. Son gente buena. Son jóvenes dispuestos que desean un palabra de confianza, de ánimo, de entusiasmo, para dejar sus propios rincones vitales y lanzarse a la aventura del ministerio sacerdotal en el celibato. Con todas las letras.
Un día en la lectura de Laudes escuchábamos el pasaje conocido: La ciudad tiene un muro y el muro doce cimientos, uno por cada uno de los apóstoles del Cordero. Aquí son trece cimientos. No se les verá en algunos años, pero ellos junto a los seminaristas mayores de la Iglesia de España son los cimientos. Son los nuevos apóstoles del Cordero. El Señor les está armando de fortaleza y paciencia, de espíritu de oración y de pasión por el Evangelio. Y eso es un torrente de gracia para el futuro de la Iglesia del Señor.
El último día les pedí una revisión por escrito de estos días. Os copio algunos testimonios para que ellos tengan también voz en este diario de un cura de pueblo.
- Contemplando la Palabra de Dios he sentido con más fuerza la vocación sacerdotal. Es muy hermoso recibirla para después ofrecerla a los demás.
- Estos días el Señor me ha dicho que tengo que cambiar, que tengo que revisar mi vida a la luz de su Palabra.
- La fe no se vive en solitario, sino en comunidad. En ella Jesús se hace presente. Es el medio que Él ha puesto en mí para mi santificación.
NOTA. La foto es un amanecer de verano en Ciudad Real. La silueta del edificio es el Seminario Diocesano.
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