domingo, 7 de noviembre de 2010

167. ORACIÓN EN LA TARDE DEL DOMINGO


Siempre que puedo me reúno con un grupo de cristianos de la parroquia el domingo por la tarde.

Fuera de la iglesia se oye el rumor de las conversaciones de los muchachos que se reúnen en la parada del autobús, muy cerca de la puerta del templo. A veces cotorrea una de sus motos. Y alguna vez se oye la música que ponen a buen volumen en el CD de algún coche. Eso es todo.

Lo demás es un sabroso y apacible silencio en la tarde del domingo. Un silencio que invita a la paz y a la calma. Un silencio que prepara las fuerzas para los trabajos y luchas de la semana entrante.

Nos juntamos catorce o quince discípulos de Jesús: Victoriano, Gregorio, alguna vez Paco, alguna vez Emilio. Y luego el grupo de mujeres que es mayoría: Honora, Nati, Vito, Carmen, Felisa, Loli, Carmen, Loreto, Eugenia, Gregoria, Puri y Aurelia. Son mis buenos hermanos de la comunidad de Gamonal.

En las manos el rosario y la contemplación de los misterios gloriosos. Cada domingo ofrecemos el rosario por estas intenciones:

- Por las familias
- Por los ancianos y enfermos
- Por la paz del mundo
- Por la unión de los cristianos
- Por las vocaciones todas en la Iglesia

Luego un rato de silencio, alrededor de quince minutos. Algunas personas que venían al principio no han vuelto porque no entienden que haya que estar tanto rato en silencio. Lo siento. Pero ahí no hacemos más que mirar-contemplar la sagrada Eucaristía en la custodia. Un encuentro en el silencio exterior y en los ruidos interiores que poco a poco se van apaciguando. Un encuentro sin nada que hacer.

Jesús en el santísimo Sacramento nos mira, nos comprende y nos cuida: nos alimenta y da calor. Jesús el hermano-amigo fiel día y noche en el sagrario de la Iglesia. Jesús, verdaderamente Dios y verdaderamente hombre. Jesús sacramentado, siempre.

Luego la oración de la Iglesia. Celebramos las vísperas. Es el formulario del Corpus Christi y ahí nos sentimos tan acompañados de la Palabra, del cántico de la Virgen, de la oración de la Iglesia que sentimos esa fuerza de Amor que nada y nadie puede romper.

Hoy, en la oración, recordaba ese magnífico templo que el Papa ha dedicado como basílica en Barcelona: la Sagrada Familia. Lo he visitado dos veces hace muchos años. Ni tenía techo entonces. Pero este próximo año haré lo posible por ir con mis gentes de Gamonal y la zona.

Este domingo acaba entre cantos y alabanzas por la Iglesia santa del Señor Jesús.

NOTA. La foto es una de las vidrieras del templo parroquial.



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