sábado, 23 de octubre de 2010

165. LA HUELGA DEL MONAGUILLO


Hace tres domingos uno de mis pequeños monaguillos me planteó abiertamente un conflicto que le veía venir.

Me preguntó por qué no le daba su paga todos los domingos. Le expliqué como lo había hecho más veces que no era una paga sino una propina.

A propósito os diré que en el lenguaje común los niños y niñas piden “paga” a los padres todos los domingos. Como veis se coló otra mentalidad. Los padres naturalmente les dan la paga y, más aún se la aumentan si han sacado buenas notas en la escuela.

Estuvimos hablando. Yo le dije que no era un trabajo el ayudar a la misa, sino que era un acto voluntario y que por tanto, no era un trabajo. Que por eso, no se podía hablar de paga. Mi pequeño monaguillo no lo aceptó y no ha vuelto a la misa del domingo.

La verdad es que esta mentalidad laboral-dineraria se ha colado tremendamente en las gentes de esta generación.

Muchas veces en la reflexión y la oración me quedó triste. Muchas veces les he comentado a mis gentes en las homilías y las catequesis que Dios es el primero, que nosotros no podemos poner nuestros méritos y nuestros trabajos para justificar nuestra salvación, que sólo viene de Dios.

Las gentes de por aquí no entienden las razones de la gracia. Y, por ello, están enfermos de amor, de falta de amor. Están desnutridos de amor.

Esta generación no encuentra a Dios porque se aferra que su propio protagonismo, a sus méritos, a sus conquistas. Todo es un toma y daca. Todo es una transacción, todo se ha de regir por las leyes del mercado universal. En fin.

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