
El sábado pasado se casaron Pablo y María del Mar. Trabajadores jóvenes los dos que le echan cara a la vida. Vivirán en Segurilla un pueblo en los alrededores de Talavera de la Reina.
Pablo no encuentra trabajo. Durante más de diez años trabajó en un supermercado cargando y descargando camiones y le ha quedado la huella en una hernia discal. María del Mar es maquinista textil.
Pero la historia hoy es de Luís. Hace unas semanas le diagnosticaron un cáncer en el cuello. Y como la cosa es seria le aplicaron quimioterapia los quince primeros días. Tuvo que ser así porque se casaba su hija y él era el padrino.
Llegó a la Iglesia con su hija del brazo. Orgulloso, derecho y sonriente, un poco temeroso. Se le notaba el bulto del cuello. La cara estaba un poco deformada.
Se paseó por la plaza porque su hija quiso venir como se debe (en los pueblos), hasta la iglesia, en procesión con la familia.
Me hizo pensar que Luís y su familia no participan para nada de nuestra sobreexposición a la imagen corporal. ¡Qué bueno! Antes que la gente pueda decir, antes que la cara esté un poco desfigurada es el amor a la hija, la presencia y la compañía.
Me gusta la gente de mi pueblo. Es auténtica, no falsea la vida en favor de la imagen, no falsea los valores a favor de la propia imagen.
Estoy seguro que si hubiera sido BODA-HOLA, los lectores habrían entendido perfectamente que Luís no podía acompañar a su hija al altar para que no le vieran y comentaran que se encuentra enfermo de cáncer.
¡Gracias Luís!
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