
Hace unas semanas murió Rafaela. Tenía 93 años. Venía ya muy malita desde hacía meses. Era una de esas mujeres cristianas de principio a fin. Mujer sencilla y trabajadora, quizá no supiera leer ni escribir, el marido sí sabía, Félix, también de 93 años. La conocí en los primeros pasos que di por el pueblo allá por octubre de 2001.
Ya no salía de casa, tenía jaquecas y dolores por todo el cuerpo, pero recibía la Comunión con una alegría, con un gozo y hasta con unos nervios que llamaba la atención.
Ella al igual que otras personas de la parroquia había aprendido unos versos para recibir la comunión que siempre decía, hasta que la cabeza no dio para más:
Antes de comulgar:
Oh, blanca Paloma,
¡Qué dulces llevas los vuelos!
Ven para recibir
al Redentor de los cielos.
Después de comulgar:
¡Que dulce bocado!
¡Qué bien me ha sabido!
¡Millones de gracias
te doy Jesús mío,
por todas las gracias
que he recibido!
Era el matrimonio más antiguo de la parroquia habían cumplido en septiembre, 65 años de boda. Así que ya veis mi hermana mayor Rafaela. Para mí era un gozo. Iba a verles y me daba cariño, reconocimiento, gratitud. Ahora iré a ver a Félix y recordar cosas de Rafaela.
De su larga vida y de sus cinco hijos deja muchos nietos y 14 bisnietos.
Ya no salía de casa, tenía jaquecas y dolores por todo el cuerpo, pero recibía la Comunión con una alegría, con un gozo y hasta con unos nervios que llamaba la atención.
Ella al igual que otras personas de la parroquia había aprendido unos versos para recibir la comunión que siempre decía, hasta que la cabeza no dio para más:
Antes de comulgar:
Oh, blanca Paloma,
¡Qué dulces llevas los vuelos!
Ven para recibir
al Redentor de los cielos.
Después de comulgar:
¡Que dulce bocado!
¡Qué bien me ha sabido!
¡Millones de gracias
te doy Jesús mío,
por todas las gracias
que he recibido!
Era el matrimonio más antiguo de la parroquia habían cumplido en septiembre, 65 años de boda. Así que ya veis mi hermana mayor Rafaela. Para mí era un gozo. Iba a verles y me daba cariño, reconocimiento, gratitud. Ahora iré a ver a Félix y recordar cosas de Rafaela.
De su larga vida y de sus cinco hijos deja muchos nietos y 14 bisnietos.
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