lunes, 15 de marzo de 2010

137. JOSÉ LUÍS Y EL ANILLO


Tengo varios monaguillos. Uno de ellos es José Luís. Hoy vino a misa. Hacía tiempo que no venía y no sabía por qué, porque se lo pasa bien. Tiene confianza conmigo y es un muchacho sano y alegre.

Hoy me dijo que si me parecía bien que quería sentarse con los demás muchachos. A lo que le respondí que no. Que quería que ayudase a misa de monaguillo. Me dí cuenta que eso le agradó.

Al final de la misa, todo feliz me dijo: ¡José Ramón, he encontrado el anillo! (Al ver su contento, de inmediato me acordé de la parábola de la oveja perdida y de la moneda perdida).

El asunto es que después de Navidad un día vino a misa con su anillo de oro. Era el anillo que le habían regalado para la primera comunión, el año pasado. Al final de la misa, no estaba el anillo por ninguna parte. Primero, lo buscó con Adrián, el otro monaguillo. Luego, lo busqué con él, levantamos la alfombra, dimos las luces, nada,… Luego, su madre vino por la tarde y se pasó un buen rato buscando el anillo. No apareció. Así que con toda seguridad José Luís se ganó una buena regañina.

¿Dónde estaba pues, el anillo? José Luís me ha contado que su madre después de aquella búsqueda le repasó la camisa, los bolsillos de los pantalones, etc. Y, en uno de esos bolsillitos disimulados del pantalón, ¡zas! Allí estaba el famoso anillo.

Por lo que se demuestra que las mamás saben más de sus hijos que ellos mismos. Por cierto que lo mismo pasa con Dios. Es nuestro creador y Padre y sabe mucho más de nosotros que nosotros mismos, ¡Ahí es na’!

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