
Hace veinticinco años que murió mi padre, Rafael Romo Marín, el 27 de febrero de 1985.
Y ha ocurrido otra cosa más que os contaré, por lo cual hoy le hago este pequeño homenaje.
Su padre, el abuelo Jesús, murió cuando Rafael tenía 8 ó 9 años. Así que la abuela Pura, tuvo que hacerse cargo de aquella cuadrilla, cinco, todos varones: Joaquín, Félix, Pablo, Rafael y Marcelino (creo que el mayor con catorce años).
Al tío Pablo y a mi padre, se llevaban un año y les decían mellizos, la abuela Pura los mandó a trabajar en las huertas. Algún familiar más o menos lejano los recibió. Ayudaban lo que podían y, eso sí comían buenas ensaladas y buenos gazpachos (a mi padre le gustaba mucho el tomate con sal y un chorrito de aceite. Lo mismo era la merienda de muchos días en la huerta. Pero no quería ver ni en pintura los pimientos, ni crudos ni fritos,… ).
Los dos mayores a la fragua que era el trabajo familiar. Y el pequeño a la escuela.
Mi padre, fue albañil. Le gustaba construir casas y en los libros que tenía, además de los catecismos, las poesías completas de santa Teresa y las obras completas de san Juan de la Cruz, había varios libros de albañilería, construcciones, matemáticas,…
Y ¿cuando el tío Rafa aprendió todo eso?
Pues primero le tocó aprender a leer y a escribir en la escuela nocturna. Cuando volvían de la huerta, a lavarse y peinarse y a la escuela. Y luego,… a su aire, autodidacta.
Este año pasado hemos hecho algunas reformas en la casa familiar, lo necesitaba. Cuando he ido colocando libros, he buscado en el trastero los libros de mi padre para colocarlos en un buen lugar. Además de los que os he dicho, otro más de ¡TRIGONOMETRÍA! ¡Qué bárbaro el abuelo Rafa! O sea que a fuerza de estudiar por la noche se empapó de los conocimientos necesarios para ser y, así fue, maestro de obras.
Luego tuvo cuadrilla propia, almacén de materiales de construcción y la exclusiva de las planchas de Uralita.
¡Dios sea bendito por este hombre buen padre y abuelo, trabajador y cristiano!
1 comentario:
Jose Ramon, quisiera completar los recuerdos familiares.
A la muerte del abuelo Jesús, la abuela Pura enviudó con cinco hijos pequeños varones y una niña, Juliana, de apenas dos meses, que murió a los pocos días del abuelo Jesús.
Efectivamente, tu padre, Rafael, y mi padre, Pablo, no eran mellizos, pero vivían y se relacionaban como tal. Te puedo asegurar mi padre sentía una fuerte admiración por tu padre. Todas las decisiones, importantes y menos importantes, que tomaba, previamente tenía que consultarlo a su hermano Rafael y tener muy encuenta lo que éste le dijera. Hermanos, que vivían muy unidos y se querían cantidad.
Un abrazo. Tu primo Ricardo
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