domingo, 22 de noviembre de 2009

122. ZAPATOS NUEVOS


Os he hablado varias veces del amigo Teo. Ya os dije que todo el mundo le llama Antonio, pero él me ha dicho: ¡Mi madre me puso Teodosio!, así que yo le llamo Teo.

Hoy llegó empezada la misa. Empezaba Carmen a leer la primera lectura. Como es su costumbre subió por el pasillo despacio saludando al personal y arrastrando los pies. Mejor, chancleando los pies. Estaba claro que estrenaba zapatos. Daban un toque sonoro de ¡Aquí estoy yo y lo demás no me importa!, que tumbaba.

Pero habéis de saber que Teo estrena de vez en cuando zapatos,… de segundo pie. No tiene ningún inconveniente (con tal que no estén rotos y le entre el agua), pueden ser de una persona que ha muerto, de un compañero que se los regala, de no se sabe quién, etc. Teo no le hace ascos a unos zapatos nuevos de segundo pie.

Me acordaba de aquel dicho de Carl Rogers, profeta de la empatía: Para comprender al otro hay que meterse en sus mismos zapatos. Por cierto que el otro día reviendo MATAR UN RUISEÑOR (todo un peliculón), aparecía esa misma frase en el guión.

Teo sabe de muchos zapatos, sabe de muchas gentes, y por eso tiene una cierta displicencia instintiva. Lo único que le hace llorar es el recuerdo de su madre.

Al final de la misa hablamos de comida que es lo que a él le gusta. Les contaba a mis gentes de EL CASAR DE TALAVERA, que el 22 de noviembre por la tarde tendremos en Gamonal el encuentro de los coros parroquiales del arciprestazgo, que hacemos cada año, y que al final habrá chocolate con bizcochos.

Le pregunté si le gustaba el convite y, como buen torrijeño que respondió: ¡Ya ves! Me dijo en la despedida que le estaban arreglando los dientes. Le pregunté entonces si había desayunado churros (en la residencia donde está ponen los domingos churros), me dijo con bastante pena: ¡No, hoy han sido madalenas!

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