
Esta semana, Carmen, una buena colaboradora de la Iglesia de EL CASAR junto a su esposo Félix, me ha traído unos periódicos. Le suelo preguntar con frecuencia por su hijo Raúl.
Raúl, nacido en EL CASAR, es de los soldados españoles del s. XXI, profesionales, al servicio de la patria, que tienen vocación de servicio. Las misiones modernas del ejército de España están comprometidas con la ayuda social, la ayuda democrática, la formación de policías y militares, la ayuda solidaria a la población: alimentos, medicinas, material escolar,…
Raúl está en Afganistán. Ha ido en el contingente de 450 soldados a las elecciones de aquel país para reforzar la paz, para defender de los terroristas, ese acto democrático.
No lo han tenido fácil, porque han tenido varios atentados. Uno de ellos el 7 de de octubre pasado en el que murió un compañero de Raúl que se llamaba Cristo-Ancor Cabello Santana, Las Palmas de Gran Canaria, 25 años. La historia del bautismo de Cristo venía en el ABC del día 25 de octubre de este año, según las declaraciones del capellán recogidas por el enviado especial a Herat, Mikel Ayestarán. Lo cuenta así el capellán.
Raúl, nacido en EL CASAR, es de los soldados españoles del s. XXI, profesionales, al servicio de la patria, que tienen vocación de servicio. Las misiones modernas del ejército de España están comprometidas con la ayuda social, la ayuda democrática, la formación de policías y militares, la ayuda solidaria a la población: alimentos, medicinas, material escolar,…
Raúl está en Afganistán. Ha ido en el contingente de 450 soldados a las elecciones de aquel país para reforzar la paz, para defender de los terroristas, ese acto democrático.
No lo han tenido fácil, porque han tenido varios atentados. Uno de ellos el 7 de de octubre pasado en el que murió un compañero de Raúl que se llamaba Cristo-Ancor Cabello Santana, Las Palmas de Gran Canaria, 25 años. La historia del bautismo de Cristo venía en el ABC del día 25 de octubre de este año, según las declaraciones del capellán recogidas por el enviado especial a Herat, Mikel Ayestarán. Lo cuenta así el capellán.
De los dos soldados que llevan el féretro
en primer lugar, Raúl es el que mira al cielo.
Un buen día apareció por aquí. Me dijo que había escuchado mis palabras de presentación y que le gustaría ser bautizado. Desde entonces empezaron las bromas sobre el bautizo de Cristo, toda una paradoja que con ese nombre no fuera cristiano. Cosas de las madres me repetía cada vez que se lo preguntaba. Era el primero en llegar a las reuniones, mostraba un interés tremendo y eso es obra de Dios, no del capellán.
Estas desgracias hay que vivirlas como un despertar y mucha gente vuelve a Dios en los momentos más difíciles. Aquí te pueden quitar la vida en un segundo, aquí se vive de verdad la debilidad y nos damos cuenta de que se puede vivir con muchas menos cosas de las que tenemos en nuestra vida normal.
No puedo borrar de la memoria la mañana del atentado que acabó con la vida del catecúmeno Cristo. El 7 de octubre, Virgen del Rosario, era la fecha elegida para que el cabo recibiera el Padrenuestro. Estaba rezando en mi cuarto cuando me di cuenta que la tropa miraba en silencio hacia la puerta del hospital.
Al conocer la noticia preparé un poco de agua bendita en una taza de café, cogí un algodón y entré en el Role-2. Esperé en una esquina mientras los médicos intentaban reanimarle y en cuanto vi el momento oportuno me acerqué. Tocándole la frente tres veces con el algodón húmedo le bauticé y después con la cruz le confirmé. Dios cumplió su promesa y por eso se nos fue bautizado.
El capellán se llama Luís Miguel Muñoz Ríos, nació en Campo de Criptana, Ciudad Real, en 1959 y creo que lo conocí y traté en el seminario Mayor de Ciudad Real entre los años 1980 a 1985.

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