domingo, 8 de noviembre de 2009

120. MÁRTIRES Y CONFESORES



Tres protagonistas de la película componen el núcleo de los hechos que se cuentan. Un joven ingeniero llamado a filas ante la invasión nazi que luego es ejecutado por el ejército soviético. La hermana mayor que acepta ser directora de un colegio. La hermana menor que entra en el torbellino del testimonio hasta la muerte.

De alguna manera las dos hermanas están retratando las actitudes profundas y verdaderas de todos nosotros ante la historia. La hermana menor se enfrenta al gobierno soviético de cara, con la sola verdad de su vida, intransigente con la mentira histórica que quieren asentar los gobernantes y que daña la memoria de su propio hermano. No es anti-soviética es anti-falsedad, es testigo de la verdad. Su vida termina en la cárcel, bajando a la oscuridad de un calabozo. En ese punto, la película, deja su historia.

Su hermana mayor es la directora de un colegio ya en la etapa soviética. El enfrentamiento entre ellas a la puerta del cementerio es impresionante. Después de la discusión la joven entra en el cementerio hacia la tumba del hermano y la mayor marcha solitaria por el camino áspero que conduce a la ciudad gris.

En la discusión se manifiestan sus posturas. La joven le echa en cara su colaboracionismo con el poder invasor y opresor. La mayor le replica que su compromiso consiste en trabajar creando espacios de libertad, los más posibles, hasta que Polonia sea libre. La mayor sabe que ni en una generación ni en dos serán capaces de echar fuera el poder comunista y así se lo dice a su hermana.

En la Iglesia llamamos a esas vidas MÁRTIRES Y CONFESORES. Todos necesarios. Los mártires son necesarios para decirnos que no se puede jugar con el mal, que no se puede cambiar de convicciones con tanta impunidad. Los confesores son necesarios porque si no, nos olvidaríamos de la sangre de los mártires. Y ellos sufren el martirio de cada día ante la luz tajante de los mártires que nos alientan en la lucha.

¿Puede uno elegir ser mártir o confesor? No, es el Señor el que nos da la vocación y ante nuestro mundo y en medio de tantas luchas le hemos de rezar: ¡Dame la gracia del martirio si es tu voluntad! ¡Dame la gracia de la confesión silenciosa de la fe, si es tu voluntad! Amén.

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