lunes, 2 de noviembre de 2009

119. KATYN



Las películas de Andre Wajda me gustan. Como toda película, tiene protagonistas, que este director polaco define con mucho detalle. Pero los protagonistas son parte de otra cosa. Son parte de una historia.

Así fue siempre en el cine hasta que los actores y actrices, sobre todo en Hollywood, impusieron su ley que es esta: la películas se construyen para mostrar al protagonista. Las historias se escriben para que el/la protagonista se luzca. Y, sin embargo, todo actor/actriz, depende de la historia en la que se sumerge.

La historia que cuenta Andre Wajda forma parte de las masacres que el ser humano ha cometido en la historia. Es el caso del ejército soviético que, bajo el mando de Stalin, ejecutó en 1940, sin juicio alguno, a más de veinte mil soldados del ejercito polaco. Katyn es el bosque que recogió tanta sangre y tantos cadáveres.

De nuevo, Wajda, compone una película popular, en el sentido coral. Claro que hay protagonistas, pero sus historias están vinculadas a la historia. Es la historia la que les construye, la que es hace ir y venir. No en el sentido de que no tengan personalidad y libertad, sino en el sentido que os decía antes: forman parte de una historia.

Al final de la película cada uno ha cumplido su papel. Un papel que ha ido elaborando a la largo de la vida. ¿Por qué el pesimista se pasa al ejército del dictador soviético? ¿Por qué la muchacha rubia entra en el martirio? ¿Por qué la hermana de la muchacha rubia acepta ser directora de un colegio ya en la época comunista? La próxima semana responderé a estas preguntas.

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