
Aquí cerca viven en sana armonía, eso parece, cinco gatos y dos perros.
De los gatos dos son negro-total, dos son negros con zapatos blancos y uno es gris rayado en negro.
Los negros son huidizos, mientras el pardo es más sociable.
Los dos perros son dos enormes sanbernardos. Por la noche vigilan, por el día duermen en cualquier parte. Como tienen una piel gruesa, parece una manta esponjosa, digo yo que no sentirán el frío del suelo. Se les ve aplastados contra la tierra, relajados y tranquilos.
Alguna vez que me he parado a saludar, el gigante ha abierto los ojos y a continuación los ha cerrado, ha bajado las cejas y ha vuelto a acomodar la cabeza como diciendo: ¡Esto ya me lo sé!
Solamente a las ocho de la tarde los he visto inquietos y alborotados. Es la hora de la única comida del día.
Una tarde fría, el gato gris estaba echado entre las patas del perro grandote, recogido sobre la barriga del amigo, con la cabeza apoyada en su lomo que alzaba de vez en cuando para otear. Una especie de animal conjunto que vigila y duerme a la vez. ¡Una maravilla!
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