sábado, 25 de julio de 2009

108. HONORIO, EL CANTEMISA



Ayer, 24 de julio, nos reunió el misacantano en la iglesia parroquial de Los Yébenes, Santa María la Real. Nos presidió la celebración de la Eucaristía y concelebramos con él un buen grupo de sacerdotes. La celebración preciosa. Los compañeros y los seminaristas hicieron su trabajo a conciencia, sin adornos, austero, pero ceremonial, litúrgico.

La homilía fue un testimonio vocacional emocionado. Nos dijo que se presentaba ante nosotros para hacer la voluntad de Dios… que no era su voluntad. Nos dijo que él no era sacerdote porque le gustara, ni porque lo hubiera luchado, ni porque tuviera méritos. Era sacerdote proque Dios lo había querido. En su sinceridad de joven nos dijo a todos que hubo un momento en que él le daba espaldas a Dios a ver si dejaba de molestarlo. Pero no fue así. Dios lo quería sacerdote.

Y, sin embargo, aunque ha vivido una lucha con Dios, con el Dios de su vocación, nos recordó como su abuela Romana lo llevaba de la mano a misa y él miraba todos los santos. Cómo fue monaguillo inquieto. Cómo a D. Felix, párroco in solidum en aquel tiempo, lo admiraba y se decía: Yo quiero ser como él.

Y, sin embargo,… Dios trabaja todos los días. Quizá una comunidad considere que vive la rutina de la fe de las celebraciones. Pero quizá en ese momento hay un diálogo vivo, doloroso y fecundo con algún hijo o hija y se está cocinando la felicidad y la dicha de su vida y de la vida de quienes lo rodean. Quizá en medio de las rutinas de muchos días, nace la experiencia creativa, original y dichosa de un nuevo sacerdote.

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