
Por la mañana en la oración se me ocurría decirle a Jesucristo: Señor, habrás visto ya los titulares de los periódicos… aunque yo sé que te sueles interesar por la letra menuda, esa que escribe la historia real y, que incluso, ni aparece en los diarios.
Después estuve repasando la letra menuda de mi parroquia: los enfermos, la gente trabajadora, las parejas que se han casado este año, los catequistas, Paula que se va a bautizar y a recibir la primera comunión a sus once años, impulsada por la fiesta, las amigas y los regalos y, un sentimiento adentro, adentro que le sembró su abuela con la que se educó. La abuela será la madrina.
Luego fui a la gasolinera y el abuelo Ramón estaba afeitándose. Le fui a saludar y me comentó sus reflexiones: Digo yo que a Dios le tiene que doler la cabeza. Yo le dije: Puede ser. Y continuó: Es que tiene que estar cansado de nosotros, lo que pasa en este mundo es para mirar para otro lado. Le dije que Dios no se cansa de nosotros porque nos quiere mucho. Ramón me miró un momento en silencio y me dijo: Cura,… no me vas a convencer. Una clienta nos sacó de las profundidades teológicas y le dijo: ¿Me va a atender? Luego, me invitó a un cafelito. Yo me dije: Veremos.
Después estuve repasando la letra menuda de mi parroquia: los enfermos, la gente trabajadora, las parejas que se han casado este año, los catequistas, Paula que se va a bautizar y a recibir la primera comunión a sus once años, impulsada por la fiesta, las amigas y los regalos y, un sentimiento adentro, adentro que le sembró su abuela con la que se educó. La abuela será la madrina.
Luego fui a la gasolinera y el abuelo Ramón estaba afeitándose. Le fui a saludar y me comentó sus reflexiones: Digo yo que a Dios le tiene que doler la cabeza. Yo le dije: Puede ser. Y continuó: Es que tiene que estar cansado de nosotros, lo que pasa en este mundo es para mirar para otro lado. Le dije que Dios no se cansa de nosotros porque nos quiere mucho. Ramón me miró un momento en silencio y me dijo: Cura,… no me vas a convencer. Una clienta nos sacó de las profundidades teológicas y le dijo: ¿Me va a atender? Luego, me invitó a un cafelito. Yo me dije: Veremos.
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