lunes, 12 de noviembre de 2007

LOSAS, ZAPATOS Y UN MÓVIL, 3


Al final de las vísperas queda un tiempo de saboreo antes de la cena. Cada quien busca su rincón del alma para regustar tanta maravilla celebrada.

Un monje, de los jóvenes, se coloca al final del coro, en la penumbra. Ayer, le sonó el móvil: ¡Vaya! El hombre lo apagó y al rato salió.

Al marchar, en el piso entarimado y cálido, quedaba un pañuelo haciendo sombra blanca al barniz mate. Las prisas de apagar el móvil quizá fueran la causa.

Aquel pequeño sudario del móvil quedó en la tarde ya oscurecida, señalando la limpieza del coro que el hermano Santos cuida día a día. Y es que está tan limpio que un pañuelo caído se hace adorno.

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