A los pocos días de llegar a Gamonal, vino a verme Agapita, con sus más de 70 años, sus pies destrozados por la vida, sus manos cargadas siempre con bolsas de la compra y la garrota.
Ella vive con su niño. Es uno de sus hijos que está en la cama. Tiene más de 40 años. No habla. Es un decir. Suele hablar con sonidos de su garganta que su madre entiende.
Me trajo las llaves de la casa. Me explicaba que tienen el botón rojo (se trata de una señal que las personas que lo necesitan pueden solicitar a Cruz Roja porque pueden surgir emergencias). Cruz Roja les pide que dejen las llaves de la casa a alguna persona de confianza para poder entrar si lo necesitan.
No me conoce de nada, acabo de llegar al pueblo. Pero para ella soy una persona de confianza porque soy el cura del pueblo.
Me he quedado de una pieza. Resulta que Agapita me ha consagrado de su confianza y me ha dado las llaves de su casa pequeña y desordenada en las afueras del pueblo.
¿Hay algo más hermoso que ser de confianza de los pobres? El Señor Jesús, a través del obispo, me ha colocado como pastor, hermano y padre de esta comunidad y, a través de Agapita y su niño, me ha dado la garantía de que es verdad.
Agapita murió el año pasado y su niño a los pocos meses. Yo sigo guardando las llaves ¡Bendito sea Dios en sus pobres!
jueves, 17 de mayo de 2007
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4 comentarios:
Esto es una prueba
Estas cosas que ocurren de vez en cuando son las que dan sentido a la vida. Te hacen sentirte útil. Gracias, una ayuda desinteresada es lo mas valioso.
Jose Ramón: Efectivamente, el estar CON los pobres, los necesitados, los excluidos, los apartados supone una fuente muy valiosa de aprendizaje para Vivir. Ellos lo comparten todo, su vida, su fe, sus alegrias, sus penas, sus casas, su comida... Es un fiel reflejo del auténtico compromiso cristiano. Ricardo
Leo hoy por primera vez tu blog, y me detengo en esta entrada acerca de Agapita y su hijo... y no he podido contener las lágrimas. Gracias, JR, por emocionarnos siempre.
Tu hermano (pequeño),
Juan.
PD. Uno quiere ser operario... y no sabré si podré llegaros ni a la suela del zapato...
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