He iniciado la catequesis de Confirmación con cuatro adolescentes en la Iglesia de El Casar de Talavera. Una pequeña comunidad en la vecindad de la siempre avarienta ciudad de Talavera. En realidad este pueblo se llama EL CASAR DEL CIEGO. La parroquia tiene dos comunidades: Gamonal y El Casar de Talavera y a ellas me debo.
En las reuniones surgen muchas preguntas. Selecciono las que se refieren a Jesucristo. Algún profesor del instituto les ha dicho que no existió, que es un invento de los curas.
En la sacristía no tenemos cruz procesional. Pero hay una cruz de madera de unos dos metros. Cruz sencilla, pesa muy poco y no tiene crucifijo. Se me ha ocurrido pedirle a uno de los muchachos que la barnice, que le ponga un aro de metal en un hueco que tiene y que le clave un pequeño crucifijo de bronce. Así ha sido. Ha quedado muy bien.
La estrenamos en la procesión del Corpus. Ese muchacho abría el paso del grupo de discípulos que llevan en son de fiesta al Maestro que los va guiando convertido en Pan de Vida, vivo y valiente en la custodia de plata.
Es la alegría de lo sencillo. De una cruz arrinconada ha nacido una cruz que guía, que se adelanta. Es la nube del mediodía y el fuego de la madrugada fría. ¡Qué hermoso es Dios cuando nos mira!
viernes, 25 de mayo de 2007
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