Por fin.
No son las primeras gotas, pero sí son chaparrones
que dejan charcos en el patio.
Desde finales de junio hasta hoy, cuatro
meses, no nos había visitado tan recatada señora. Anoche llovía con ganas salí
a la puerta de la casa a saludar. Todo estaba quieto, excepto la lluvia, se había
hecho dueña de la calle. Me pasé el rato respirando a gusto los perfumes del
agua en los tejados y mirando como caía a la luz de la farola. Me regaló un espectacular
relámpago hacia noroeste, Ajofrín. Un ancho y fuerte relámpago. Como si fuera
la columna vertebral de un gigante al que no se le ve la cabeza de alto que es.
Cómo fulguraban las venitas de sus nervios.
El patio estaba reseco de tantos días,
pero ayer chorreaba después de lavarse y no coger la toalla. Los troncones de
las parras brillaban y el granado destilaba suavemente la lluvia después de la
lluvia.
Hoy he tenido bautizo. Una nueva hoja de
Dios en la pequeña Iglesia de Pulgar. En la crismación he rezado que el Señor que te regenarado por el agua y el
Espíritu... Regenerar es dar nueva vida, la vida del Espíritu. Los signos
sensibles de los sacramentos son una maravilla: el agua, el aceite y el perfume
son los signos del Espíritu que regenera un tejido muerto: el alma humana.

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