domingo, 5 de mayo de 2013

272. OBRAS EN LA TORRE


Cuando llegué a esta parroquia en septiembre de 2011 advertí inmediatamente que había que dar un repaso a la torre parroquial. Del edificio del templo era la única parte que necesitaba urgentemente trabajos de rehabilitación. La misma nave, su tejado y el interior estaban en muy buenas condiciones. Falta el retablo renacentista... pero eso es otra historia.

Además, había otro problema añadido. La cantidad de palomas que se albergaban en la torre y que traían suciedad extrema al centro de salud del pueblo (a los pies de la torre, en antiguos terrenos parroquiales) y a la misma casa parroquial.

La necesidad era mucha, así que la incomodidad de iniciar las obras quedó en desventaja. Porque ¿qué decirles de papeles, llamadas de teléfonos, molestias de ruidos, financiación, etc,?  Pero ahí fuimos.

Hoy, ya están empezadas las obras y les cuento las últimas noticias.

El viernes con el jefe constructor subí a los andamios hasta el pie de la aguja o flecha del chapitel que estamos rehabilitando. Varias noticias me llegaron.

Una buena: no había termitas.

Otro más: la madera presentaba dos plagas: carcoma y garrapatas de la madera.

Otras de trabajo: había que desmontar toda la aguja y con la madera curada de plagas volverla a montar. El techo de la torre que forma parte del chapitel, había que curarlo en el mismo lugar para no aumentar gastos. En fin. La aguja ya está abajo con las maderas ordenadas por tamaños.

La torre del templo parroquial de Pulgar es de trazas mudéjares y se remata con este techo elegante de pizarra con su fecha. No es frecuente en el entorno. Sólo el chapitel de Cuerva es más elaborado y barroco.

Pero, sobre todo, es el signo de la torre.

En realidad las torres de nuestros templos parroquiales son campanarios. Se hicieron para eso, para que desde la altura convocasen a los cristianos a la oración y a las celebraciones de cada momento, incluidos los funerales y entierros; además de otros muchos sonidos útiles a los vecinos.

Quien sabe si nuestros cristianos/as rurales descansaron en las campanas para dejar de dar testimonio cristiano. Pues que no sea así. Hoy hacen falta cristianos que no se avergüencen de serlo, de decirlo y sobre todo de actuar en silencio como el fermento en la masa.

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