
El último día que dormí en Gamonal fue el 13 de septiembre. Llevamos los trastos a Pulgar y estuve unos días en casa, en Yébenes. El primer día que he dormido en Pulgar ha sido el 11 de octubre.
Desde el 25 de septiembre, domingo (mañana hará tres semanas que ando por aquí), he dormido en Yébenes, por la mañana el coche y a la noche también. Poco trayecto 36 kmtrs., 35 minutos. Buenas carreteras. Pero cansado del experimento. En fin.
Por la noche, ponía alguna música en el coche. Hasta que acerté con una que me llenaba de una paz cálida que frenaba las preocupaciones y me hacía soñar con las cosas mejores.
Era la música de JANET BAKER. Tiene una voz redonda, diáfana, sugerente que interpreta con exactitud. Es una voz de la que te puedes fiar porque sin artificio alguno te cuenta cómo el autor vio la obra.
Hay obras de Häendel, claro, pero también de los clásicos italianos olvidados. Schuber, R. Strauss, Brams,... ¡Qué maravilla!
Su voz te roza. No quiero decir que sea sensual porque lo que roza no es la piel del cuerpo (hay voces eróticas claro), lo que roza son algunas fibras de muy adentro que se complacen en danzar suavemente por los pliegues del alma.
Con ella me he vuelto hacia la música de nuevo, porque la lluvia no llega y ya he regañado con ella, ¿qué le pasa? ¿por qué no viene? ¿a qué viene tanto calor? En fin. La voz de Janet me refresca, verdaderamente, y me vivifica en estas noches.
Desde el 25 de septiembre, domingo (mañana hará tres semanas que ando por aquí), he dormido en Yébenes, por la mañana el coche y a la noche también. Poco trayecto 36 kmtrs., 35 minutos. Buenas carreteras. Pero cansado del experimento. En fin.
Por la noche, ponía alguna música en el coche. Hasta que acerté con una que me llenaba de una paz cálida que frenaba las preocupaciones y me hacía soñar con las cosas mejores.
Era la música de JANET BAKER. Tiene una voz redonda, diáfana, sugerente que interpreta con exactitud. Es una voz de la que te puedes fiar porque sin artificio alguno te cuenta cómo el autor vio la obra.
Hay obras de Häendel, claro, pero también de los clásicos italianos olvidados. Schuber, R. Strauss, Brams,... ¡Qué maravilla!
Su voz te roza. No quiero decir que sea sensual porque lo que roza no es la piel del cuerpo (hay voces eróticas claro), lo que roza son algunas fibras de muy adentro que se complacen en danzar suavemente por los pliegues del alma.
Con ella me he vuelto hacia la música de nuevo, porque la lluvia no llega y ya he regañado con ella, ¿qué le pasa? ¿por qué no viene? ¿a qué viene tanto calor? En fin. La voz de Janet me refresca, verdaderamente, y me vivifica en estas noches.
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