
Soy un sentimental incurable y cada despedida y cada bienvenida me conmueven. El pasado día 7 fue la despedida de D. Carmelo Borobia Isasa, 20 años de obispo de los cuales 6 años fue obispo auxiliar de Zaragoza, 8 fue obispo de Tarazona y seis más obispo auxiliar de Toledo. En agosto pasado cumplió 75 años y presentó la renuncia al Papa y el día 3 de diciembre, fiesta de san Francisco Javier, patrón de Navarra el Papa la publicó. D. Carmelo es navarrico.
Si cabe aún más me conmovieron sus palabras en la homilía. Con su estilo franco y directo, (Sin pelos en la lengua, decimos en Castilla) nos dijo que en su ministerio de obispo había sufrido mucho. Nos dijo que había sufrido la incomprensión de mis hermanos obispos y de los sacerdotes… Pidió perdón a quienes él hubiera hecho sufrir también.
Después nos dijo que el Vía Crucis había sido su propio camino y que se había unido muchas veces a la pasión del Señor y a su Resurrección.
Nos alentó a los sacerdotes a vivir unidos a Cristo en su misterio pascual.
Antes de la misa lo estuve saludando entre los cientos de sacerdotes que acudimos a la cita. Le dije: ¡Hola, D. Carmelo! Sin darme tiempo a más me dijo: ¡Vivan los operarios! Y yo respondí ¡Viva! Eso fue todo.
Nos ha escrito una carta de despedida a los sacerdotes y os copio un párrafo de su carta.
Fue precisamente Jesucristo Crucificado quien acompañó y dirigió su existencia y su misión (a san Francisco Javier). Fue Jesucristo quien acompañó su conversión cristiana. Fue Jesucristo quien dirigió su vida cristiana y su generosa entrega a las personas y a las tierras entonces desconocidas por las gentes de Europa y de España. Su vida quedó iluminada por la simpatía y entrega a la causa de Jesús. La maravillosa y juvenil entrega al Reino de Dios quedó plasmada en la generosa entrega de toda su vida. Francisco de Javier, divino impaciente, nos anima a todos los sacerdotes a vivir nuestro sacerdocio con alegría, con tesón, con entusiasmo, sabiendo que no hay nada como ser amigo de Jesús, como predicar su revelación a los hombres y amar a todos con el deseo de hacer un mundo que viva en la reconciliación y en la paz.
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