
Estuve cuatro años en México y el Señor me ha dado el don de hacer amigos por donde paso así que allí tengo un buen puñado de amigos. Hoy os hablaré de Maribel y Raúl, de sus hijos Ebenezer y Raúl.
En realidad no fui yo quien hice amigos en esta familia sino que fueron ellos que me hicieron amigo a mí.
La cosa fue que tuve unas convulsiones y fue Maribel, buenísima mamá y terapeuta la que me sacó de aquellos abismos. Pero no es menos Raúl. Durante varios años me ayudó a enhebrar historias, analizar segmentos disgregados y curar heridas interiores con una paciencia y una sensibilidad impresionantes. Comprendéis que tengo muy buenos amigos.
Raúl era muy pequeño en aquella época, en alguna ocasión en la que me invitaron a comer (¡Qué rica aquella tarta de chocolate!) jugaba con ellos. Ebe era la mayor y un día me regaló recitando de memoria un poema que yo había escrito para sus padres.
Sus padres habían elegido de la Biblia el nombre de la niña que significa piedra de ayuda. Es decir, piedra de apoyo, Dios es nuestra roca. Podéis verlo en 1 Samuel 7,12. Desde el Evangelio podemos traducirlo como piedra angular que se refiere a Cristo. Así que podemos decir que Jesús es nuestra Ebenezer.
Ebe consiguió una beca y vino a estudiar su primero de secundaria en un instituto en Francia. Esas navidades vino a la familia de Jose y Sole, mis hermanos, y lo pasamos muy bien. En junio de ese año vinieron los papás con Raúl para regresar todos a México.
Luego empezaron a hacer planes para cuando Ebenezer cumpliera los quince años. Pero en aquella ocasión sus ahorros y las propinas de los cumpleaños tuvieron que invertirlos en una operación que hubo necesidad de hacer a Ebe.
Luego,… esperar y esperar. Por fin, este año todos contentos, Ebe y Raúl vendrían a Yébenes a celebrar la Navidad.
Y ocurrió que no pudieron llegar. Llegaron al aeropuerto y traían unos papeles y otros les faltaban. Estuvieron 27 horas aislados en las dependencias que existen para estos casos en la comisaría del aeropuerto y les regresaron a México. ¡Qué dolor!
No pudimos verles aunque la policía de aduanas nos facilitó un teléfono para poder hablar con ellos y así lo hicimos casi cada hora. Unas horas muy largas. Jose y Sole se preocuparon de todo. Todo lo tenían preparado para su llegada.
Ya están en México. Les ha costado recuperarse de este drama vivido. Hace unos días Ebe nos escribía estas palabras:
Querida familia,
Ya que no pudimos vernos en persona aquí les mando unas fotos de nosotros.
Un beso y un abrazo muy grande a todos, los queremos mucho.
Recuerden que siempre están en nuestro corazón y en nuestras oraciones.
Y estos días de nevadas nos decía: ¡Mándenme fotos de la n ieve! Hoy les quiero dar un mensaje desde este blog.
Queridos Ebe y Raúl. Los papás como mi persona y muchos y muchos en el mundo, hemos luchado, estamos luchando y lucharemos para quitar fronteras de la Tierra. Todavía existen demasiadas y a ustedes les han encadenado en un momento muy especial. Les han hecho sufrir.
En nombre de esta humanidad del siglo XXI de la cual me siento responsable, les pido perdón porque todavía nos falta mucho trabajo y quizá no hacemos todo lo que podemos para que no pasen cosas como esa.
¡Cuenten con mi oración! A ustedes y a sus papás, ¡el Señor me los bendiga! Un beso.
En realidad no fui yo quien hice amigos en esta familia sino que fueron ellos que me hicieron amigo a mí.
La cosa fue que tuve unas convulsiones y fue Maribel, buenísima mamá y terapeuta la que me sacó de aquellos abismos. Pero no es menos Raúl. Durante varios años me ayudó a enhebrar historias, analizar segmentos disgregados y curar heridas interiores con una paciencia y una sensibilidad impresionantes. Comprendéis que tengo muy buenos amigos.
Raúl era muy pequeño en aquella época, en alguna ocasión en la que me invitaron a comer (¡Qué rica aquella tarta de chocolate!) jugaba con ellos. Ebe era la mayor y un día me regaló recitando de memoria un poema que yo había escrito para sus padres.
Sus padres habían elegido de la Biblia el nombre de la niña que significa piedra de ayuda. Es decir, piedra de apoyo, Dios es nuestra roca. Podéis verlo en 1 Samuel 7,12. Desde el Evangelio podemos traducirlo como piedra angular que se refiere a Cristo. Así que podemos decir que Jesús es nuestra Ebenezer.
Ebe consiguió una beca y vino a estudiar su primero de secundaria en un instituto en Francia. Esas navidades vino a la familia de Jose y Sole, mis hermanos, y lo pasamos muy bien. En junio de ese año vinieron los papás con Raúl para regresar todos a México.
Luego empezaron a hacer planes para cuando Ebenezer cumpliera los quince años. Pero en aquella ocasión sus ahorros y las propinas de los cumpleaños tuvieron que invertirlos en una operación que hubo necesidad de hacer a Ebe.
Luego,… esperar y esperar. Por fin, este año todos contentos, Ebe y Raúl vendrían a Yébenes a celebrar la Navidad.
Y ocurrió que no pudieron llegar. Llegaron al aeropuerto y traían unos papeles y otros les faltaban. Estuvieron 27 horas aislados en las dependencias que existen para estos casos en la comisaría del aeropuerto y les regresaron a México. ¡Qué dolor!
No pudimos verles aunque la policía de aduanas nos facilitó un teléfono para poder hablar con ellos y así lo hicimos casi cada hora. Unas horas muy largas. Jose y Sole se preocuparon de todo. Todo lo tenían preparado para su llegada.
Ya están en México. Les ha costado recuperarse de este drama vivido. Hace unos días Ebe nos escribía estas palabras:
Querida familia,
Ya que no pudimos vernos en persona aquí les mando unas fotos de nosotros.
Un beso y un abrazo muy grande a todos, los queremos mucho.
Recuerden que siempre están en nuestro corazón y en nuestras oraciones.
Y estos días de nevadas nos decía: ¡Mándenme fotos de la n ieve! Hoy les quiero dar un mensaje desde este blog.
Queridos Ebe y Raúl. Los papás como mi persona y muchos y muchos en el mundo, hemos luchado, estamos luchando y lucharemos para quitar fronteras de la Tierra. Todavía existen demasiadas y a ustedes les han encadenado en un momento muy especial. Les han hecho sufrir.
En nombre de esta humanidad del siglo XXI de la cual me siento responsable, les pido perdón porque todavía nos falta mucho trabajo y quizá no hacemos todo lo que podemos para que no pasen cosas como esa.
¡Cuenten con mi oración! A ustedes y a sus papás, ¡el Señor me los bendiga! Un beso.
1 comentario:
No pude evitar que las lágrimas se me salieran. Muchas gracias por todo, de verdad, los cuatro nos sentimos muy agradecidos con todos ustedes por darnos tanto cariño y aceptarnos como parte de su familia.
Con amor Ebe y Raúl.
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