domingo, 13 de diciembre de 2009

125. LA SERPIENTE Y LOS NOVIOS



El día de la Inmaculada viene un buen grupo de familias con los hijos pequeños a la misa de la fiesta. Procuro que los niños estén atentos y participen como ellos saben: canciones, risas, saludos, besos,… Este año les decía que les iba a contar las lecturas de la Palabra en forma de un cuento y esto es lo que más o menos me salió.

Érase una vez hace muchos, muchos años una serpiente muy bien plantada. En aquel tiempo las serpientes no se arrastraban por el suelo sino que tenían dos patitas y dos manos con sus bracitos. Incluso un sombrero que le caía muy bien. Es verdad que tenía veneno en los colmillos, pero Dios cuando la creo no le puso el veneno para que hiciera daño sino para que fuese medicina.

Aquí Giovanni dijo que él había visto una culebra en el patio de la casa y Jorge levantó la mano para decir que él había visto una culebra que subía por la ventana del comedor. Los mayores se rieron. El cura dijo que le habían contado que hace unos días cuando los obreros del ayuntamiento quitaron unos matojos muy grandes de zarzas y maleza habían salido varias culebras).

Pues bien en aquel lugar, que era un parque grande, grande, y muy hermoso vivían una pareja de novios. Se querían mucho, y hacían lo que hacen los novios, se daban besos, jugaban a perseguirse, a ver quien gana, se ayudaban, bailaban y se abrazaban.

Aquí mis niños sin excepción se rieron y se miraban con picardía.

Entonces les pregunté: La primera lectura nos ha dicho como se llamaba la novia. ¿Alguien se acuerda? Y a coro me dijeron: EVA!!!

A los novios les gustaba jugar con los animales que en aquel tiempo no eran salvajes ni se dedicaban a matar a otros animales o a las personas. Un día iban a jugar con los leones, se montaban en ellos, corrían a ver quien ganaba,… otro día iban con los hipopótamos. Les pregunté si cabría un hipopótamo en el pasillo de la Iglesia y por gran mayoría quedamos que allí no cabía un hipopótamo. En fin.

Un día fueron a jugar con la serpiente y a ésta se le ocurrió gastarles una broma. A la mujer le dijo que era la más guapa de todas, que no tenía comparación con ninguna.

Aquí las niñas aplaudieron.

Al hombre, la serpiente le dijo que era el más guapo de todos y el más fuerte y el mejor deportista del mundo.

Aquí los niños, mirando a las niñas, dijeron ¡Uh, uh, uh!

Pero la broma complicó todas las cosas. Porque a partir de entonces aquellos novios se comparaban con todo el mundo y además tenían envidia uno del otro a ver quien era el más guapo y luego desconfiaban de quienes no les admiraban como ellos creían que tenían que ser admirados. Un problema.

La cosa resultó muy mal porque claro, los hijos nacieron con esa soberbia y esa desconfianza, y los hijos de los hijos también.

¿Había alguna solución para aquello?

El Señor que todo lo creó bueno pensó en arreglar aquel embrollo de la serpiente y decidió llamar a una muchacha sencilla, de pueblo, un pueblecito de la montaña de Galilea que se llamaba Nazaret. Le dijo: ¡Eh, María ven un momento!

María se quedó escuchando lo que Dios le tenía que decir y le dijo que quería que ella fuese Madre de su Hijo y que se iba a llamar Jesús.

María le dijo que ella no había estado con ningún hombre y que entonces a ver cómo iba ser que ella fuera madre. Pero Dios le dijo. Mira, María, si tú me das permiso, el asunto corre de mi cuenta. Y María dijo: Sí, hágase tu voluntad.

La serpiente que se había divertido un montón con todo aquel embrollo, se acercó a María y le dijo que qué barbaridad, que cómo había subido, nada menos que Madre de Dios. Pero María le dijo: Soy sólo una muchacha humilde, la esclava del Señor. La serpiente vio que no iba a ser fácil, así que arremetió me nuevo. De acuerdo, de acuerdo, eres una muchacha sencilla e inteligente pero vas a ser la Madre de Dios, y entonces vas a tener todo el poder en tu mano, el dinero, las amistades,… todo. Pero María le respondió: No, yo no voy a buscar mi interés. Quiero que Dios haga conmigo lo Él quiera.

Y aquí la serpiente quedó derrotada. Por eso tenemos una serpiente en la imagen de la Inmaculada.

Los más pequeños se quedaron mirándome. Yo les invité a que se acercaran al altar de la Virgen para que vieran si había serpiente o no. Ellos temerosos se acercaron y cuando la vieron me dijeron que sí que se veía la cabeza de una serpiente.

Luego les pregunté qué veían más. Ellos me dijeron que se veía el pie de la Virgen que pisaba la cabeza de la serpiente.

Entonces les dije que ya sabían lo que tenían que hacer: dar un buen pisotón a la serpiente cuando les viniera con cuentos.

Pedí voluntarios y salieron cinco: Pedro, Pablo, Giovanni, Christian y Jorge. Jugamos a dar pisotones a la serpiente. Yo decía: una, dos y tres y todos dábamos un buen pisotón que se oía en toda la iglesia.

Después de esto, les pedí a los hermanos mayores que dieran un aplauso a los niños y así terminamos la predicación.

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