lunes, 4 de mayo de 2009

99. COLUMBARIO



La Hna. Puri (Franciscanas Misioneras de la Madre del divino Pastor) lleva casi treinta años trabajando como asistente social en una residencia para mayores de los PP. Camilos.

Está feliz con su trabajo y vocación y me contaba que una doctora del hospital La Paz le decía: En la vida me he encontrado con unas pocas personas que han triunfado, y tú eres una de ellas. Estas haciendo lo que te gusta y te pagan por lo que haces. Eres feliz y haces felices a los que te rodean, ¡qué más!

Hoy estuve tomando una cervecita con ella y con su hermana. Una maravilla en el patio de su casa: limonero y naranjo-mandarino; palmera altísima (8-9 metros); acaba de sembrar una bugambilia (en Venezuela se llaman trinitarias); bajo la parra que apenas da sombra a estas alturas, una mesa de hierro y cristal y unas sillas cómodas. Le pregunto por su trabajo.

Me cuenta que en su despacho tiene cinco urnas con cenizas. En la residencia desde hace unos pocos años tienen una unidad de cuidados paliativos. Muchas personas son recogidas allí para morir dignamente. Pero aunque no nos lo creamos hay personas tan solas en el mundo que no tienen a nadie que les atienda en su muerte y en su entierro.

La Hna. Puri va a todos los entierros, reza y canta. En algunos le toca estar sola, hasta el punto que es ella la que recoge las cenizas y las va colocando en la estantería del despacho hasta su entierro.

Columbario significa casa de las columbas, de las palomas. Los pequeños nichos donde anidan nos han dado a los humanos, nombre y lugar. En México existen en casi todas las parroquias, en España hay algunas también. El columbario está debajo del templo. Es un lugar, aseado, fresco y luminoso donde reposan en sus pequeños nichos las cenizas de muchos hermanos nuestros.

Desde allí las cenizas esperan volar al cuerpo celestial que el Señor nos dará en la resurrección del último día.

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