
En la vida del sacerdote y del sacerdote-cura se dan muchos encuentros, algunos deseados y otros temidos, muchos imprevistos.
Estos encuentros son el núcleo del anuncio del Evangelio porque ahí, en la relación personal con la gente o con los grupos, es cuando verdaderamente el interlocutor sabe si hay autenticidad, valor y riesgo en el mensaje que se comunica.
Estos encuentros hay que prepararlos porque el propio yo, los pequeños intereses egoístas, se mezclan quieras o no quieras. Y muchas veces los encuentros con una persona o un grupo que hubieran sido el medio ideal de canalizar la gracia del Señor se convierten en obstáculos y en tremendas dificultades para llegar al Señor y encontrarse con Él.
Por todo ello, hoy voy a escribiros una oración que el otro día le hacía Señor antes del encuentro con unas buenas gentes.
Señor Jesús, compañero de camino.
Tú sabes como necesitan
Estos encuentros son el núcleo del anuncio del Evangelio porque ahí, en la relación personal con la gente o con los grupos, es cuando verdaderamente el interlocutor sabe si hay autenticidad, valor y riesgo en el mensaje que se comunica.
Estos encuentros hay que prepararlos porque el propio yo, los pequeños intereses egoístas, se mezclan quieras o no quieras. Y muchas veces los encuentros con una persona o un grupo que hubieran sido el medio ideal de canalizar la gracia del Señor se convierten en obstáculos y en tremendas dificultades para llegar al Señor y encontrarse con Él.
Por todo ello, hoy voy a escribiros una oración que el otro día le hacía Señor antes del encuentro con unas buenas gentes.
Señor Jesús, compañero de camino.
Tú sabes como necesitan
estas gentes queridas tu Evangelio
en este momento de sus vidas,
y cómo quiero entregárselo.
Señor Jesús, mira mi pobreza.
A cada paso sale mi pequeño yo necesitado.
Desea ponerse en el centro,
el primero de la fila.
Dame un corazón grande que sepa diluirse.
Dame una inteligencia humilde que sepa escuchar.
Dame la capacidad necesaria
para conocer lo que tú quieras comunicar,
no lo que a mí me parece urgente y necesario.
en este momento de sus vidas,
y cómo quiero entregárselo.
Señor Jesús, mira mi pobreza.
A cada paso sale mi pequeño yo necesitado.
Desea ponerse en el centro,
el primero de la fila.
Dame un corazón grande que sepa diluirse.
Dame una inteligencia humilde que sepa escuchar.
Dame la capacidad necesaria
para conocer lo que tú quieras comunicar,
no lo que a mí me parece urgente y necesario.
Dame la habilidad para saber esperar
el momento oportuno.
Jesús, hazme transparente.
Que mis gentes vean en mi
el cayado y la mano del Buen Pastor.
Jesús, hazme transparente.
Que mis gentes vean en mi
el cayado y la mano del Buen Pastor.
A mí concédeme disfrutar del encuentro. Amén.
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