
Dulce, mamá de familia. Esta mañana con su hijo Diego a por el pan. El pequeño de tres años feliz en su patineta (10 de la mañana).
Carlos, 27 años, nacido en Arecibo, Puerto Rico. Es seminarista de su diócesis y está estudiando segundo de filosofía en el seminario de Toledo. Mucha vida en su historia y mucha vida por delante. (10:30 de la mañana)
Engracia y Delfina, muchos años, problemas de movilidad serios. Con el andador a misa del domingo, una se apoya en la otra. Son valientes del todo. Asumen riesgos y logran sus objetivos con sacrificio, ¡qué maravilla de gente! (11:30 de la mañana)
César, seis años, hermano de Diego, al final de la misa me pidió recortes de las obleas. Cuando se los di me pidió más para su hermano Diego (13 horas).
Juan Carlos, 42 años, con síndrome de down, va al cole todos los días. Este invierno ha perdido la vista del ojo derecho, reconoce perfectamente mi voz, aunque él no habla nada. Me llama su madre, tiene 82 años. Me acercó a él y lo saludo, está sentado en un banco del parque, me tiende los brazos. Me siento y despacito, despacito, me abraza con una delicadeza que no he percibido de ninguna otra persona. Pone su cabeza en mi pecho, yo dejé caer mi cabeza en su cabeza, así un buen rato (8 de la tarde).
Inmigrante llegado en patera hace unos días se encuentra a una niña de tres años, en la madrugada de Marbella, sola en la calle. Busca a la policía y les cuenta lo que ha visto. La policía recoge a la niña y la llevan a comisaría. El padre de la niña, 28 años, dejó sola a la pequeña en el coche mientras él entraba en un club de prostitución. Está claro que por aquí hay gente con déficit de corazón y hay inmigrantes de los de patera que llegan a nosotros con superavit de corazón (En El País digital, 10:30 de la noche).
No hay comentarios:
Publicar un comentario