domingo, 25 de enero de 2009

87. DIÁLOGOS ESPIRITUALES


De nuevo mi amigo Teo. Ya os lo presenté en otra ocasión. Tiene alrededor de 55 años desde hace diez está en la residencia de ancianos. Está sólo. No tiene ni padres y hermanos y los sobrinos decidieron llevarlo a la residencia.

Tengo la impresión que hizo alguna faena en su pueblo, un pueblo chiquito en la línea entre Toledo y Cáceres. Además anda rondando la oligofrenia.

A Teo, le dicen Antonio. No sé por qué. Él me dijo que su madre le había puesto Teodosio y yo le llamo Teo. Casi todos los domingos viene a misa. Hoy no lo esperaba porque llovía, hacía viento y era una mañana fría y molesta. Pero,… llegó el primero.

Se puso a calentarse en la estufa de butano y a secarse los pantalones.

Después en la misa me puse hablar con los tres muchachos que vienen todos los domingos. Unos verdaderos valientes: Rodrigo, el mayor (10 años), que es el monaguillo. Luego viene Adrián que hará la comunión este año y luego viene Daniel que hará la primera comunión el año que viene.

Les he preguntado de qué apóstol hablaba la lectura y ninguno había estado atento. Pero Teo, sí. Ha levantado la mano y nos ha dicho: De san Pablo, ¡pues no lo ha dicho claro ni ná!

Pero el diálogo espiritual fue a la entrada. Me contó que su sobrina había venido esta semana y que el jueves era el cumpleaños de su padre. Luego le dije: Bueno Teo, siéntate y reza un rato. El me dijo: ¿Y qué voy a rezar? Yo le dije señalando el sagrario: Pues habla con él de tus cosas. Entonces él me dijo: ¿Y qué le voy a contar? Ya me conoce.

No tuve más que hablar. Él se sentó pacientemente los veinte minutos hasta que comenzó la misa. No decía nada ni rezaba nada. Nada tenía que decir porque Jesús lo conoce bien.

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