
Os estoy comentado mi visita a la exposición de Patinir.
En el renacimiento el paisaje ya no es telonero, tiene protagonismo en sí mismo. Un paisaje maravilloso y total: ¿por qué no pintar en el mismo cuadro el cielo y el infierno, la siega y la siembra, el entierro y las fiestas del pueblo? ¿Por qué no pintar a las gentes como las vemos y a las gentes como nos las imaginamos desde el gozo, desde el temor o el misterio (Dicen en la exposición que Patinir era amigo de El Bosco)? ¿Por qué no pintar a Dios en la nube y en un recodo del camino a los salteadores? ¿Por qué no pintar a los santos de Dios en el paisaje?
En el renacimiento el paisaje ya no es telonero, tiene protagonismo en sí mismo. Un paisaje maravilloso y total: ¿por qué no pintar en el mismo cuadro el cielo y el infierno, la siega y la siembra, el entierro y las fiestas del pueblo? ¿Por qué no pintar a las gentes como las vemos y a las gentes como nos las imaginamos desde el gozo, desde el temor o el misterio (Dicen en la exposición que Patinir era amigo de El Bosco)? ¿Por qué no pintar a Dios en la nube y en un recodo del camino a los salteadores? ¿Por qué no pintar a los santos de Dios en el paisaje?
Es otro modo de comprender las cosas. Naturalista, desde luego y cercano a la encarnación de Jesús. Como es natural Patinir elige escenas de santos en los que la naturaleza juega un papel protagonista junto a ellos. Del Evangelio escoge dos escenas: La huida a Egipto y El Bautismo del Señor. Y de la vida de los santos (bajo las leyendas escritas en la edad media), san Antonio abad, san Jerónimo y san Cristóbal. Paisajes y figuras se repiten casi como si fueran copias de un original previo.
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