Angélica tiene la piel tostada, los ojos como dormidos, es callada, se fija en todo y conoce las manías de los que le rodean. Está comenzando la adolescencia y quizá esa lentitud de movimientos se deba también a esa nueva etapa. Nació en México y sus padres son manchegos.
Ana tiene la piel blanca, los ojos vivísimos y enmarcados por unas pestañas sutiles y pícaras. Se mueve como un gatito y tiene más labia que todos los que le rodeamos. Nació en Madrid y sus padres son los mismos que los de Angélica, manchegos de Toledo.
Ahí está una familia. Ellos hacen presente la humanidad nueva en Cristo, en la que todos de diferentes razas y lenguas, piel y cultura somos de la misma familia. Me parece fenomenal que esta pareja, como muchas hoy en España, hayan decidido darle una oportunidad al futuro, además de darse ellos una oportunidad de esperanza y a las niñas una nueva oportunidad de cariño y fe.
domingo, 30 de septiembre de 2007
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