domingo, 8 de julio de 2007

PAN, VINO Y CHORIZO

No es fácil que un grupo de adolescentes participe en la misa del domingo de la parroquia. Pero ahí estaban.

Cuando se sentaron para escuchar las lecturas se armó un poco jaleo y algunos cristianos viejos les chistaron con aires de superioridad. En fin.

Les dije en la homilía que ellos tienen su puesto en la parroquia y que eso significa recibir la confirmación.

Yo sé que ahora están divididos entre las motos y la piscina veraniega. Pero una cosa no quita la otra. Quien se queda en las apariencias no llega a saber qué está pasando verdaderamente entre las gentes y el mundo.

Ahí donde los ven mis gentes mayores, esos muchachos y muchachas rezan y se preocupan y adentro de su corazón saben que Dios es bueno. Alguno me lo ha dicho por escrito.

En las ofrendas vinieron dos muchachos y una muchacha. Uno traía las vinajeras, la joven traía la patena y el otro muchacho no traía nada. Le pregunté que ofrecía y me dijo: El chorizo. Me quedé fuera de juego y le pregunté: ¿Cómo? Y él con la ironía y el buen humor de los adolescentes me dijo: Sí, José Ramón, traemos: pan, vino y chorizo.

Cuando les fui a dar la paz todos me dieron un buen apretón de manos. No había ni manos fofas, ni apretones de compromiso.

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