martes, 3 de junio de 2014

308. EL PATIO SOSEGADO




San Juan de la Cruz tiene un verso profundo y pedagógico: estando ya mi casa sosegada. Y comenta el santo poeta y místico:

La cual salida se entiende de la sujeción que tenía el alma a la parte sensitiva en buscar a Dios por operaciones tan flacas, tan limitadas y tan ocasionadas como las de esta parte inferior son; pues que a cada paso tropezaba con mil imperfecciones e ignorancias, como habemos notado arriba en los siete vicios capitales, de todos los cuales se libra, apagándole esta noche todos los gustos de arriba y de abajo, y oscureciéndole todos los discursos, y haciéndole otros innumerables bienes en la ganancia de las virtudes, como ahora diremos (…).

Los cuales, como decimos, se consigue en salir el alma según la afección y operación, por medio de esta noche, de todas las cosas criadas, y caminar a las eternas, que es grande dicha y ventura: lo uno, por el grande bien que es apagar el apetito y afección acerca de todas las cosas; lo otro, por ser muy pocos los que sufren y perseveran en entrar por este puerta angosta, y por el camino estrecho que guía a la vida, como dice nuestro Salvador (Mt. 7, 14).

Quizá en mi vida espiritual no salga de sosegar día a día la casa agitado por lo sensible y lo espiritual-sensible… Dios dirá. Pero ya me conocéis un poco y no puedo vivir sin ordenar-limpiar las cosas, eliminar la cochambre, expulsar la carroña y desterrar la miseria.



El patio de la casa parroquial estaba lleno de hojarasca, cadáveres de palomas y gatos, ramas podridas y ripio de quien sabe qué obra anterior.



Pero para arreglar el patio tuve que comenzar por la torre parroquial porque ella era el origen de tanta suciedad. La palomina se había acorchado en el maderamen del chapitel y colgaba como racimos de treinta kilos de las vigas. Una hilera torrencial de mosquitos, garrapatas, pulgas, piojos, cucarachas y moscardones y hasta ratas reinaba por doquier.



Una vez esa operación (10 meses de obras), le llegó el turno al patio. Lo mandé cavar. Eliminé los árboles podridos, allané todo y vertí tres camiones de arena que dejaron suave el terreno. Sembré yucas de un arbolito que hay en el patio,…



Pero mientras las obras, trabajé junto a la casa. Hay un pequeño cuadro 4 x 2, junto a las habitaciones. Allí puse un cerco de ebónibos y Julián el jardinero jubilado podó la parra, el granado y la higuera. Además trabajaron los albañiles y Esperanza la señora que limpia la casa. Sosegar es tarea de unos cuantos.


Y, creedme todo esto es oración. Quizá sea hacer además de decir y rezar. El caso es que ahora por las tardes, cuando se sosiegan los ruidos y se abre la brisa del oeste me siento a saborear los salmos del oficio divino.

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