Los patios, ya sabéis son el reflejo de la familia que vive en la casa. El
patio de la casa parroquial estaba... sucio, desolado, las malvas y las ortigas
eran reinas por contaminación...
Poco a poco. Quien me conocéis sabéis que esto lo repito frecuentemente.
Primero rescatar lo bueno: Un granado que llama la atención por la cantidad
de fruta que produce cada año. La parra que le acompaña para dar sombra en
verano a las ventanas de la casa que dan al patio, con escasa fruta. La higuera
muy dulce y fecunda. La yuca que florece varias veces al año. Un pequeño
laurel. Un rosal de flor bermeja y lirios blancos y morados que como ya os he
contado florecen en... ¡enero! entre nieves. Una yedra que cubre la mitad del
muro que da al vecino Y el trébol de flores fucsia y el dondiego que en verano
perfuma la noche
¡Cuántas cosas! ¿no? Y es que en el interior de las personas hay cosas muy
hermosas, pero lamentablemente no se pueden gozar porque están mal cuidadas y
las malas hierbas se han hecho con el control.
Poco a poco la limpieza y un cierto orden se ha ido imponiendo en la
desolación.
Con la ayuda de varias personas he ido limpiando todo y hace unos meses
llevé un par de camiones de arena que han dejado limpio el ambiente.

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