domingo, 11 de mayo de 2014

306. GORRIÓN EN EL LAUREL


Los patios, ya sabéis son el reflejo de la familia que vive en la casa. El patio de la casa parroquial estaba... sucio, desolado, las malvas y las ortigas eran reinas por contaminación...

Poco a poco. Quien me conocéis sabéis que esto lo repito frecuentemente.

Primero rescatar lo bueno: Un granado que llama la atención por la cantidad de fruta que produce cada año. La parra que le acompaña para dar sombra en verano a las ventanas de la casa que dan al patio, con escasa fruta. La higuera muy dulce y fecunda. La yuca que florece varias veces al año. Un pequeño laurel. Un rosal de flor bermeja y lirios blancos y morados que como ya os he contado florecen en... ¡enero! entre nieves. Una yedra que cubre la mitad del muro que da al vecino Y el trébol de flores fucsia y el dondiego que en verano perfuma la noche

¡Cuántas cosas! ¿no? Y es que en el interior de las personas hay cosas muy hermosas, pero lamentablemente no se pueden gozar porque están mal cuidadas y las malas hierbas se han hecho con el control.

Poco a poco la limpieza y un cierto orden se ha ido imponiendo en la desolación.

Con la ayuda de varias personas he ido limpiando todo y hace unos meses llevé un par de camiones de arena que han dejado limpio el ambiente.

Luego, vienen las maravillas. Hace días vengo observando a las 12 del mediodía que un gorrión se coloca bajo las pequeñas hojas del laurel. ¿Qué verá desde allí? ¿A su amada? ¿Le da la sombra de la cruz de la torre? ¿Goza del perfume del laurel o de la hierbabuena que está a sus pies? ¿Es la mamá que observa a los pequeños? No canta, solo reposa y mira revolviendo su cabecita a un lado y a otro. Es el gorrión en el laurel.

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