
En esta zona, troje es sinónimo de desván. Y os diré más, trujillo viene de troje. O sea, pequeño rincón donde uno se prepara una habitación para vivir con lo mínimo.
Lo comprendí hace unos años cuando Rafael, un sacerdote mayor, que ya ha fallecido y que goce con Dios, me dijo: Estoy preparando un trujillo en el pueblo para cuando me jubile.
Pues bien, os contaré una historia de la troje de la parroquia. La tribuna de nuestra iglesia ya no se utiliza para el coro u otras personas que deseen estar allí en las celebraciones. Así hemos subido un montón de utensilios que se emplean alguna vez durante el año.
Hace tres o cuatro años encontré en una caja de cartón, varios objetos. Una antigua corona de la Virgen de la Purificación, nuestra patrona, unos candeleros chiquitos, otros dos de tres brazos, etc.
Por mi parte, creo que adentro de nuestras trojes, físicas, mentales y emocionales, tenemos cosas valiosas que se han echado a perder porque las hemos guardado bajo siete llaves (un buen amigo me suele decir: Lo que no se da se pierde); porque no se utilizan, generalmente sustituidas por otras. También porque nuestro tonto afán de comprar cosas más modernas, o más nuevas las han arrinconado. En fin.
La corona de la Virgen la restauró un equipo que se dedica a estas cosas y se la ponemos en las fiestas de septiembre. Es muy sencilla aunque muy hermosa. Arriba de las doce estrellas tiene, en plata, la paloma del Espíritu Santo, un signo que va unido siempre a la Virgen María.
Los candeleros pequeños de tres brazos, llevaron una historia más larga. Los brazos son las terminaciones de un enredo de hojas de parra. Así la limpieza era bastante difícil. Pero un día supimos de una máquina pulidora que sin quitar materia a los objetos de bronce, hierro o latón, les da un pátina que les deja como nuevos y así fue, ¡una maravilla! Probé a ponerles unas velas, pero el vertido de la cera más bien sintética, manchaba el arte de las hojas de parra.
Pero, llegó la solución, hoy existen velas con depósito de parafina que no manchan y lucen muy bonito.
Hoy los hemos estrenado en la exposición del Santísimo con motivo del tríduo antes de la fiesta de Ntra. Sra. de la Purificación, el próximo día 2 de febrero.
MORALEJA
Antes de comprar cosas, busca en tu interior porque allí tienes un tesoro que hay que sacar a la luz, hay que pulir y hay que hacerlo valer en lo que es útil. Y serás feliz.
Lo comprendí hace unos años cuando Rafael, un sacerdote mayor, que ya ha fallecido y que goce con Dios, me dijo: Estoy preparando un trujillo en el pueblo para cuando me jubile.
Pues bien, os contaré una historia de la troje de la parroquia. La tribuna de nuestra iglesia ya no se utiliza para el coro u otras personas que deseen estar allí en las celebraciones. Así hemos subido un montón de utensilios que se emplean alguna vez durante el año.
Hace tres o cuatro años encontré en una caja de cartón, varios objetos. Una antigua corona de la Virgen de la Purificación, nuestra patrona, unos candeleros chiquitos, otros dos de tres brazos, etc.
Por mi parte, creo que adentro de nuestras trojes, físicas, mentales y emocionales, tenemos cosas valiosas que se han echado a perder porque las hemos guardado bajo siete llaves (un buen amigo me suele decir: Lo que no se da se pierde); porque no se utilizan, generalmente sustituidas por otras. También porque nuestro tonto afán de comprar cosas más modernas, o más nuevas las han arrinconado. En fin.
La corona de la Virgen la restauró un equipo que se dedica a estas cosas y se la ponemos en las fiestas de septiembre. Es muy sencilla aunque muy hermosa. Arriba de las doce estrellas tiene, en plata, la paloma del Espíritu Santo, un signo que va unido siempre a la Virgen María.
Los candeleros pequeños de tres brazos, llevaron una historia más larga. Los brazos son las terminaciones de un enredo de hojas de parra. Así la limpieza era bastante difícil. Pero un día supimos de una máquina pulidora que sin quitar materia a los objetos de bronce, hierro o latón, les da un pátina que les deja como nuevos y así fue, ¡una maravilla! Probé a ponerles unas velas, pero el vertido de la cera más bien sintética, manchaba el arte de las hojas de parra.
Pero, llegó la solución, hoy existen velas con depósito de parafina que no manchan y lucen muy bonito.
Hoy los hemos estrenado en la exposición del Santísimo con motivo del tríduo antes de la fiesta de Ntra. Sra. de la Purificación, el próximo día 2 de febrero.
MORALEJA
Antes de comprar cosas, busca en tu interior porque allí tienes un tesoro que hay que sacar a la luz, hay que pulir y hay que hacerlo valer en lo que es útil. Y serás feliz.
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