
Juan Carlos murió esta semana, tenía 45 años y nació con síndrome de Down (SD).
Venía a misa con su madre Juana, ¡cuánto lo ha querido! Y se acercaba despacito, como si le fuera a decirle: ¡Vete! Pero siempre le decía: ¡Ven! Y nos dábamos un abrazo. La confesión con Juan Carlos era sencilla y profunda. Cada domingo, yo le decía en plan padre: ¿Juan Carlos, te has portado bien? Y él se reía, miraba al suelo y se acercaba despacito para que le diera otro abrazo. Total, una verdadera confesión.
Os voy a dar la homilía del funeral de Juan Carlos. La verdad es que muy raramente escribo la predicación. El Señor me ha dado el don de improvisar y me gozo en ello. Pero esta vez las educadoras y trabajadoras de la fundación Madre de la Esperanza de Talavera me la han pedido. Una de ellas me decía al final de la misa, ¡Con qué dignidad has tratado a Juan Carlos! Y me alegró mucho esta caricia.
Después de saludar a su madre y a sus hermanos Pedro y Raquel y a sus familias les dije:
El Señor a lo largo de la vida nos va dejando modelos a través de los cuales nos da lecciones para que vayamos encontrando el camino de su Reino.
Y quiero comentaros en esta mañana tres lecciones que nos ha dejado el Señor en Juan Carlos.
1º Andar inseguro. Juan Carlos andaba a saltitos y le gustaba andar por su cuenta. Su madre le decía, ¡Juan Carlos, por ahí no! y él volvía la cabeza y casi siempre le hacía caso. Otras veces, le decía su madre: ¡Ven aquí! y él, un poco remolón llegaba donde ella. Pero, en los últimos meses fue perdiendo movilidad y su andar se fue haciendo más inseguro.
Esta lección contrasta con nuestro modo de estar en la vida. No queremos que se nos noten nuestras inseguridades y queremos ser campeones de una seguridad manifiesta y bien probada… Juan Carlos con enseña que todos tenemos inseguridades y que es mejor vivir con ellas en paz que andar disimulando, porque eso nos hace tropezar más veces y caer. ¡Qué bueno tener algunas inseguridades!
2º Autonomía limitada. Es claro que Juan Carlos con sus compañeros y compañeras del SD están vinculados a los demás. Pero no hay que exagerar. Ya sabéis que una estimulación educadora adecuada desde el principio hace que cada uno de estos hermanos vaya adquiriendo grados mayores de autonomía. Aunque, como sabéis también, cada uno es cada uno.
Y esto es una lección maravillosa: ¡Que necesitamos de los demás! ¡Que no somos islas autónomas y autosuficientes! ¡Que necesitamos pedir ayuda! Yo sé que hay personas que se avergüenzan de pedir ayuda. Juan Carlos nos enseña que la autonomía personal no es un ídolo al que tengamos que sacrificar todo en la vida. Él nos enseña a vivir vinculado, a pedir ayuda y ser feliz. Mis hermanos y hermanas, ¡no hay que tener miedo a pedir ayuda cuando la necesitamos!
3º. Los afectos. Nuestros hermanos y hermanas con SD han recibido del Señor el regalo de los afectos puros y transparentes. ¡Qué maravilla de ternura! ¡Cómo saben abrazar sin dominar, sin pedir recompensa, sin pasar factura!
A nosotros que a veces nos cuesta incluso dar los buenos días, ellos nos dicen que es muy hermoso dar un beso y un abrazo y que no tenemos que tener tantos prejuicios a manifestar nuestro amor y nuestra ternura para con los otros.
Y termino. Ya habéis visto que hemos leído el Evangelio de las bienaventuranzas. Os he querido explicar el Evangelio desde lo que Dios nos ha dicho a través de Juan Carlos. Son las bienaventuranzas vividas en una existencia muy singular: Bienaventurados los pacíficos, bienaventurados los limpios de corazón, bienaventurados los compasivos del mundo.
¡Que el Señor nos conceda vivir las bienaventuranzas que son señal de su Reino! Que así sea.
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