
Esta semana monté por primera vez en el AVE, ¡qué maravilla! Al regreso, entre Guadalajara y Madrid, marcó la máxima velocidad de los dos viajes: 302 k/h.
Los compañeros de Zaragoza me invitaron a celebrar la misa y después a dar una charla sobre el Beato Manuel Domingo y Sol. Ese fue el motivo del viaje. Gocé mucho de estos encuentros. No conocía la parroquia de la Almudena. Durante muchos años estuvo en los bajos de un edificio de un barrio nuevo y trabajador. Poco a poco fueron consiguiendo los recursos necesarios. Es un espacio alargado con la forma de una barca. En el centro el altar y colgando del techo, como el puesto de mando, el coro. Me gustó mucho.
Con ellos recordaba la providencia del Señor y de la Virgen del Pilar. La primera vez que subí al tren fue desde Madrid a Zaragoza, con mis padres y mi hermana. Nos llevaron a pasar por el manto de la Virgen del Pilar cuando éramos bien pequeños.
El primer destino de sacerdote fue al seminario menor de Zaragoza y el primer viaje en el AVE a Zaragoza.
Claro está que fui a rezar la salve a la Virgen del Pilar. Me siento muy a gusto y muy querido en ese lugar.
Los viajeros… y su móvil. Todo el silencio y la serenidad técnica y solemne del AVE la rompemos nosotros con los móviles. Había un señor que a lo que decía era profesional de los medios de comunicación social. A lo largo del viaje (menos de hora y media), tuvo cinco conversaciones largas. Otro Señor que habla con colaboradores para dar citas, rehacerlas o quitarlas, de igual modo. Este último tenía una voz sonora y estrepitosa. Por último, tres estudiantes de psicología clínica iban haciendo sus comentarios jocosos sobre las terapias de grupo de los pacientes que atendían como auxiliares junto a los profesionales que las dirigían. Una ellas iba a una clínica privada (dijo el nombre y todo) y las otras dos iban a la seguridad social.
Seguramente los pasajeros sacamos un mal concepto de todo esto porque quizá a estas estudiantes les debían de hacer recomendaciones serias sobre que no se puede hablar y menos en lugar público, de las terapias, etc, de sus pacientes.
En un momento, las conversaciones telefónicas y las risas y comentarios de las estudiantes coincidieron y verdaderamente se puede decir: fue un guirigay.
1 comentario:
Muchas gracias José Ramón por tu charla y el compartir tus experiencias, salimos muy ilusionados.
Este segundo encuentro contigo ha sido más corto, pero con la misma satisfacción.
Tomamos nota de tu ofrecimiento para confeccionar representaciones o eventos similares.
Un fuerte abrazo desde La Almudena, Zaragoza.
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