domingo, 6 de septiembre de 2009

113. POLO DE CHOCOLATE



Esta semana os voy a contar tres pequeñas historias de la Comunión.

Engracia que tiene más de noventa años está en una residencia de mayores. Viene los domingos a misa, la iglesia está enfrente de la residencia en El Casar de Talavera. Esta semana me enteré de que le habían operado por urgencias de vesícula, así que iba a hacer una petición para que el Señor le concediera la salud y viniera a la celebración del domingo. Pero la sorpresa fue ver a Engracia en su banco, con su garrota, de buen ánimo y con pocas fuerzas. ¡Qué valiente! Sé que ella hará todo lo posible para venir a misa el domingo y recibir la Comunión.

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En la misa hago bien ostensible la Fracción del Pan. Es un signo que Jesús hizo y a mí me ayuda a ver como Jesús se parte y se reparte. Una niñita, tres o cuatro años, vino al final de la misa a la sacristía arrastrando a la mamá. Me dijo: ¿Qué partes? Le expliqué que era el Pan de Jesús. Le di unas galletitas y se fue tan contenta.

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La abuela vino este día a misa con el nieto pequeño. Bastante inquieto, salía y entraba del banco. Es de los niños que les encanta correr por el pasillo central de la iglesia. La abuela llena de vergüenza y yo gozándome de los pequeños. Cuando vino a comulgar la abuela, lo trajo con ella. Lo traía agarrado por el antebrazo, se ve que se le escapaba si le agarraba la mano. Cuando comulgó la abuela y se volvían para su lugar el niño se volvió, me miró y me dijo: A mí un polo de chocolate.

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