viernes, 5 de junio de 2009

102. TRES CRÍAS



Frente a la ventana de la cocina,
de espaldas, apenas a metro y medio,
en la cuerda de tender,
tres crías de vencejo real
con sus voceras amarillas.

La mamá les trae insectos.
Primero sobrevuela sobre ellos
y ellos baten las alas.
Luego se acerca un poco
y ellos estiran el cuello y afinan el envite
con su pico-babero.

Son las seis de la tarde
y pasa una brisa amable.

En mis adentros se ha instalado una densa serenidad
como niebla.
Mis dedos golpean el teclado
con un afán vivo de sacar lo que desborda mi mente.
Es la hora del ensueño.

Es la hora que me concede el día
para ver todo sin prisas, bueno y malo.
La hora de la tarde en que se reconcilian
las cosas más diáfanas,
aquellas que tienen perfiles y arañan.

Los ojos de Paula recibiendo su primera comunión
siembran de emociones la tarde
como las trompetas débiles de color y perfume intenso
del cactus de la mesa de piedra en el medio del patio.

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