El sacerdote que presidió hoy la Misa se llama Rafael y es malagueño. Nos contó un cuento en la homilía.
Había una vez un rey en la India que había heredado de sus antepasados inmensos tesoros. Sin embargo, no hacía aprecio de ellos. Todos estaban extrañados porque los tesoros dan mucha importancia y quien los posee los muestra para ser temido por tan grandes riquezas.
Un día llegó al palacio un hombre y le dijo al rey: Majestad, todos sabemos que tienes grandes riquezas y, sabemos también, que no les das importancia. ¿Cuál es el secreto de la indiferencia con que miras todos estos tesoros? El rey le dijo: Sí, te lo diré. Pero a condición de que hagas algo que te voy a pedir. Aquel hombre se mostró de acuerdo y le pidió al rey que le propusiera lo que había de hacer.
El rey le dijo: Vas a visitar todo mi palacio que está lleno de tesoros, sin dejar una sala o una estancia sin visitar. Y vas a llevar en la mano esta vela encendida. Ahora bien, si durante la visita se apaga la vela, te cortaré la cabeza.
Aquel hombre comenzó su visita. Al cabo de un buen rato volvió donde estaba el Señor con la vela encendida. Y el rey le dijo: ¿Qué te han parecido mis riquezas? El hombre le dijo: Majestad, no he visto los tesoros porque he estado preocupado de que no se me apagara la vela. Y el rey le contestó: ¡Ese en mi secreto! Para mí lo único importante es que no se apague la luz interior. Lo demás no tiene importancia
lunes, 13 de agosto de 2007
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